Evangelio Joven, Jóvenes SS.CC., PJV

Comentario al Evangelio Joven del domingo 23 de noviembre de 2023, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, ciclo C

Autor: Francisco de Paula Piñero y Piñero, ss.cc.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (23,35-43):

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:
«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
«Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Un reino que empieza hoy

Es paradójico que cuando la liturgia proclama solemnemente que Jesús es Rey, nuestra mirada se encuentre, una vez más, con la Cruz. Pero no es casual. Nadie mejor que ella nos enseña cómo es Rey y en qué consiste su reinado. Jesús había venido en el nombre de Dios. Su presencia colmaba las esperanzas de aquel pueblo que, cansado y herido, aguardaba la salvación del Mesías. Su vida y palabra respondían a este anhelo inscrito en lo profundo de su alma. Sin embargo, sus expectativas no coincidían con la oferta de salvación de aquel “extraño” Mesías. Un Mesías-Rey que no sigue el camino del poder, sino del servicio y del perdón. Y cómo no se amoldaba a sus deseos, se fueron desanimando, hasta dejarlo solo. Así es Dios, y así es su Reinado.

Pero no todos se fueron. Al pie de la cruz, junto a su Madre y las mujeres se apuntó alguien a última hora; aquel ladrón que, con una confianza total, se abandona en la misericordia de su Rey: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23,42).  No se sabe qué admirar más; si la sencillez de sus palabras, si su ausencia de ambiciones o si su profunda fe. Jesucristo no es indiferente a la humildad y fe sincera de aquel hombre: “hoy estarás conmigo en el paraíso(Lc 23,43). Ofrece al ladrón mucho más de la que pedía: Hoy, qué prontitud;  en el paraíso, qué descanso; conmigo, qué compañía. En rigor, Cristo no hace otra cosa que cumplir lo que tantas veces había anunciado: “A quien me confiese ante los hombres lo confesaré yo ante mi Padre que está en los cielos(Mt 10,32).

El auténtico premio que Jesús otorga al buen ladrón no es el paraíso, sino el estar “conmigo”.

Y esa salvación no es para un futuro lejano; es “hoy”. Jesús se presenta en la cruz como el único que es capaz de abrir las puertas y hacer entrar a la humanidad en la comunión plena con Dios. Su camino no es el de la fuerza y el poder, sino el del servicio y el amor. Su trono es la Cruz. Una Cruz que nos anuncia que en Cristo se da un cambio de valores. Se inauguran los valores del Reino, tantas veces anunciados por Jesús en sus parábolas. Ahora, el primer salvado es un ladrón arrepentido. En aquel buen ladrón había algo que salva: apertura de corazón y búsqueda de Dios, humildad y fe. En definitiva; había mucho amor.

Hoy también damos gracias a Dios por ponernos en el camino juntos, por regalarnos el Carisma de los Sagrados Corazones, hoy que celebramos el aniversario de la muerte de la Fundadora, la Buena Madre, acaecida el 23 de Noviembre de 1834, y por llamarnos a cada uno por nuestro nombre para una misión especial; anunciar al mundo su Amor.