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Comentario al Evangelio Joven del domingo 14 de septiembre de 2025, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Autor: Pablo Bernal ss.cc.
Lectura del santo evangelio según san Juan (3,13-17):
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
La cruz nos salva
“¿Por qué no tiramos la cruz al suelo, así, como derrotada por la resurrección?”. Esto es lo que propuse una vez, siendo prenovicio, como ambientación para la vigilia. Y Paco, el párroco, me dijo: “Hay que tratarla bien: la Cruz nos salva”.
No lo entendí entonces, pero se me quedó, y es algo que recuerdo cada 14 de septiembre en la fiesta de la Exaltación de la Cruz. La fecha conmemora la consagración de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, en el año 335 y su nombre puede extrañarnos: ¿Exaltar la cruz? Es decir, ¿elevar un instrumento de muerte, ponerlo en alto como señal de victoria y éxito?
Pues así es: porque la Cruz nos salva. No cualquier cruz. Nos salva la Cruz de Jesús, claro. Porque en ella entregó su vida y el signo de tortura y muerte quedó transformado en signo de Amor hasta el extremo. No hay amenaza de muerte y tortura que pueda matar el Amor desde aquel día. Y eso nos libera, nos quita el miedo, nos hace capaces de seguir su camino e imitar su vida.
Si la semana pasada el evangelio nos provocaba con las exigencias de Jesús, era para enseñarnos esta verdad: que seguir al Señor es seguirlo a la Cruz. Es imitar su manera de vivir y estar dispuestos a compartir su destino de muerte para que otros tengan vida.
Por eso nos salva la Cruz: porque además nos orienta, nos propone el horizonte de una vida que merece ser vivida. Una vida perdida y por eso ganada, como la Maestro. La Cruz nos salva. ¿Cómo no celebrarla?