Evangelio Joven, Jóvenes SS.CC.

Comentario al Evangelio Joven del 3 de agosto de 2025, XVIII Domingo del Tiempo Ordinario ciclo C

Autor: Fernando Cordero ss.cc.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,13-21):

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

La mochila del Jubileo de los Jóvenes

Jesús nos cuenta una parábola que nos viene que ni al pelo. Nos habla de un hombre que lo tenía todo: campos que daban fruto, graneros llenos, seguridad material… y, sin embargo, lo perdió todo en una sola noche. No por un error financiero, no por una crisis económica, sino porque se olvidó de lo más esencial: que la vida no se mide por lo que tenemos, sino por lo que somos y por cómo amamos.

Podríamos decirlo con una metáfora. La vida es como una mochila. Cada día, sin darnos cuenta, vamos metiendo cosas en ella: títulos, seguidores en redes, ropa, planes, éxitos, incluso decepciones. Pero llega un momento -inevitable- en el que te das cuenta de que, por mucho que hayas llenado la mochila, si dentro no hay algo que pese de verdad, algo que tenga sentido profundo, la mochila sigue vacía.

El hombre de la parábola llenó sus graneros. Sin embargo, su corazón estaba vacío. Y nosotros, ¿qué guardamos en nuestra mochila? ¿Solo cosas que se quedan aquí, o también esas cosas invisibles que llenan el “hondón”: amistad verdadera, amor que se entrega, fe que sostiene, sueños que van más allá de lo inmediato?

En este Jubileo de los Jóvenes, Dios nos invita a detenernos un momento y revisar nuestra mochila de peregrinos. No para juzgarnos, sino para despertarnos. Porque podemos pasar años acumulando cosas y, sin embargo, perdernos a nosotros mismos.

El mundo nos grita: “Acumula, presume, aparenta”. Jesús hoy nos susurra al corazón: “Sé rico… pero en lo que de verdad importa. Sé rico en amor, en entrega, en verdad, en compasión, en fe”.

No tengamos miedo de vaciar sus mochilas de lo superficial. No tengamos miedo de hacer espacio a lo eterno. Porque, al final, cuando todo pase solo quedará lo amado, entregado y sembrado en el corazón de los demás.

En este Jubileo, Jesús nos hace la misma pregunta que a aquel hombre: ¿Para quién es lo que estás acumulando? ¿Para ti solo? ¿Para impresionar? ¿O para construir un mundo mejor, más justo, más humano?

Ojalá salgamos con mochilas más ligeras, pero con corazones más llenos. Porque, como dice el Evangelio, la verdadera riqueza no se guarda en graneros… se guarda en el interior.

Este es tu momento. Este es tu Jubileo. No lo dejes pasar.