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Comentario al Evangelio Joven del domingo 15 de junio de 2025, Solemnidad de la Santísima Trinidad, ciclo C
Autor: María del Mar Pérez sscc
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.
Un modo de ser
Y resulta que la realidad no solo requiere ser escuchada. También se carga, se acoge, se recibe.
¡Cuántas veces tenemos la sensación, e incluso así lo expresamos, de que la vida, el mundo, las cosas “se nos imponen”! Como si hubiera una fuerza arrolladora ante la que no podemos hacer nada, y no nos queda otra que dejarnos vencer por aquello que traiga, sobreviviendo al temporal.
Pero Dios no funciona así. No se nos impone, no arrasa. Es relacional. Aguarda el momento y las condiciones oportunas, que llegarán. Confía, espera. Dios no tiene prisa. Es todo paciencia, promesa, esperanza… y a la vez Palabra transformadora (Verdad) que construye, alienta, fortalece, vincula… ¡Dios trabaja sin descanso!
¿Y si pudieras decir una palabra, un mensaje, tu verdad más honda… decir-te al mundo…? ¿Qué dirías? ¿Sientes que eres recibido, acogido en tu verdad más plena, tal y como eres? ¿Quién se hace cargo de ti, de lo tuyo?¿Cómo acoges la verdad del otro? ¿Te sientes capaz de recibirla en su plenitud? ¿Te haces cargo?
Es con la propia vida como vamos expresando, dejando huella, ofreciendo nuestro ser, diciéndonos. Es con nuestro modo de relacionarnos y de estar como vamos aprendiendo a acoger y recibir a los demás, aunque nos quede aún mucho para entregarnos y recibir en plenitud nuestras existencias.
Desde nuestra fe descubrimos en Jesús, con la ayuda del Espíritu, la revelación de cómo es Dios (Padre, Hijo, Espíritu), y experimentamos esa llamada profunda a ser y dejar ser en verdad. Misterio con el que aún no podemos cargar, que nos espera y nos llama.