Vivir dando vida

Comentario al evangelio dominical de quinto domingo del tiempo de Cuaresma, realizado por Miguel Díaz Sada ss.cc.

Vivir dando vida no es fácil. Pero es lo que hizo Jesús, nuestro hermano, Maestro y Señor. Con El vamos recorriendo el camino de cuaresma; queremos aprender a vivir como El vivió, hasta identificarnos con su mismo estilo de vida.

En el evangelio de este domingo, Jesús se presenta – y nos presenta a sus discípulos – como “grano de trigo” que muere dando vida. Como Jesús habla de morir, inmediatamente pensamos en el desenlace final; y no nos damos cuenta de que, con esa comparación, Jesús se refiere a la vida entera de sus discípulos, desde el principio hasta el último momento. Es una descripción maravillosa del estilo de vida que Jesús quiere para quienes le seguimos: vivir y morir dando vida.

Jesús habla, en positivo, de dar vida, pero es consciente del precio que se debe pagar: no apegarse a lo suyo ni vivir para uno mismo. Lo explica Jesús en la frase siguiente: “el que se ama a sí mismo, se pierde”. ¡Amarse a sí mismo! En el evangelio, Jesús no habla de lo que llamamos “pecado original”, pero sí del origen de todo pecado. El que vive centrado en sí mismo, afectiva, profesional y socialmente, el que no mira a su alrededor sino para incrementar su ego y su estatus, malogra su vida; su vida queda y quedará infecunda, estéril. Quien se agarra egoístamente a su vida, la echa a perder, quien la entrega genera más vida.

Hoy Jesús nos invita a asumir las consecuencias – las cruces o las muertes que sean necesarias – para vivir dando vida. Queremos entrar en su dialéctica existencial: perder la vida / ganar la vida. El que orienta su vida hacia el otro, recobra la vida verdadera. “Ser para el otro”, “vivir para los demás”, “pasar la vida haciendo el bien y dando vida”, nos hace servidores de los demás. Lo que nunca podremos conseguir sin la ayuda de Dios y el ejemplo de Jesús que “no vino a ser servido sino a servir”.

Tampoco a Jesús le resultó fácil vivir dando vida. “En los días de su vida mortal, oró a gritos y con lágrimas y aprendió sufriendo a obedecer”. De esta forma, con mucho sufrimiento, pasó su vida haciendo el bien y dando vida; y siguen siendo fuente de la Vida plena y definitiva.

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Redacción


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