Vigilia y Eucaristía de Envío de la JMJ

Uno de nuestros hermanos ss.cc. de San Víctor nos cuenta brevemente lo vivido en la Vigilia y en la Eucaristía de Envío de la JMJ. Les agradecemos las comunicaciones continuas que hemos recibido de ellos en estos días y que nos han hecho acercarnos más a este acontecimiento.

Una experiencia de Iglesia se ha vivido en Madrid por jóvenes de todo el mundo. La cifra es lo de menos: que si un millón, que si dos millones… la realidad es que un océano de cristianos ha vivido juntos una vigilia de adoración y una eucaristía final de envío. Todos los presentes han transmitido al mundo la vitalidad de la Iglesia, la misma que a veces algunos quieren transmitir que languidece. Hoy cualquier cristiano debería sentirse reforzado.

Tras la lluvia con la que nos bendijo el Señor en plena vigilia de adoración, el Papa nos alentó dando las gracias por nuestra alegría y resistencia. Añadió que nosotros éramos más fuertes que la lluvia. Y es verdad. El buen ambiente vivido a pesar de las incidencias (lluvia, viento que levantó alguna que otra carpa, etc. y lo más grave: algunos heridos leves) son prueba de que nos mueve algo distinto a los cristianos. Jesús nos hace sonreír también ante la adversidad.

La Eucaristía de envío ha sido el culmen de la Jornada Mundial de la Juventud. El Papa convocó a los jóvenes a participar en este encuentro, y en él nos dejemos cautivar por Jesús, verdadero motor que mueve a la Iglesia y fuente de la sana alegría compartida en estos días.

En unas pocas líneas no se pueden transmitir todo lo vivido, sería impreciso y, por ello, injusto. Vivir una JMJ es un tipo de experiencia que debería poder disfrutar todo cristiano.

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Redacción


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