«Vida para siempre»

En el domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, Miguel Díaz ss.cc. nos ofrece su reflexión al Evangelio. En esta ocasión sus palabras hacen referencia a lo que vive su comunidad parroquial de El Encinar (Salamanca).

Cuando Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, llega un desconocido corriendo y de rodillas le pregunta: ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? ¿Qué debo hacer para tener Vida plena, definitiva y para siempre, incluso después de la muerte? Aparentemente tiene todo: es rico y además cumple los mandamientos. Y si embargo, busca con ansiedad. Ni la riqueza ni el ser cumplidor de la ley responden a su inquietud.

Jesús le mira con cariño y le ofrece el camino que le puede proporcionar la vida y la felicidad que anhela: vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme.

Le pareció excesiva la propuesta de Jesús y se marchó triste y apesadumbrado. Prefirió la riqueza a la sabiduría y a la “vida eterna” que con tanto ahínco buscaba. Su riqueza estaba por encima de todo. Releamos esta escena del evangelio desde nuestra propia situación personal, familiar y social. Es verdad que, como decía San Pablo: “no hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza” en nuestra pequeña comunidad de discípulos de Jesús. Sin embargo, también nosotros queremos vivir y vivir para siempre. Por eso le preguntamos a Jesús ¿qué tenemos que hacer para “heredar la vida eterna”?

A nosotros no nos pide que vendamos lo que poseemos, pues tenemos poco o lo justo para vivir; sencillamente nos invita: “veníos conmigo”. Le respondemos que sí, que caminaremos con El y con El nos acercaremos a quienes están todavía peor que nosotros por falta de recursos, de salud, de formación… Y compartimos con ellos lo que tenemos: amistad, tiempo, salud, fe y, tal vez, algo de lo poco de que disponemos.

Hace una semana murió Graci, de 43 años. Le acompañamos con emoción. Compartimos el dolor con su esposa, hijo y familiares. Pero ahí no terminó todo: también profesamos la fe en la Vida más allá de la muerte y nos despedimos de Graci, como decía Joaquín, con un “hasta luego” en la “Casa del Padre”. Allí nos volveremos a encontrar y desde allí, él nos sigue acompañando.

Que los seres queridos que nos dejan nos ayuden a encontrar el camino de la Vida. “¿Qué he de hacer, Señor, para tener vida eterna?”.

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Redacción


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