¡Venga tu Reino a nuestro mundo!

Comentario a la Solemnidad de Cristo Rey, a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

Celebrar la fiesta de Cristo Rey no significa atribuir a Jesús títulos nobiliarios que desfiguran su rostro – el que vieron sus contemporáneos y quedó recogido en los evangelios – y que tanto le distancian de sus preferidos: los pobres y los que sufren. Celebrar la fiesta de Cristo

Rey no es añorar un pasado de cristiandad en que la iglesia, bajo la bandera de Cristo Rey, tenía más poder social y político.

Siguiendo el evangelio de Lucas, hoy aclamamos a Jesús Rey, coronado de espinas y glorificado en su trono: la Cruz. Así es Rey: dando su vida y dándonos vida. De su costado abierto – del corazón de nuestro Rey y Señor- brota el Espíritu que nos inspira a todos sus seguidores. Es el espíritu de las bienaventuranzas, el espíritu del buen samaritano, el espíritu de perdón. El Espíritu que empuja a todos los discípulos a pasar la vida haciendo el bien como su Señor y Maestro. Este es nuestro Rey.

Que resuenen en nuestros corazones las palabras dirigidas por Jesús a su compañero de suplicio: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Estar con Jesús, compartir su vida y su entrega, perdonar a los que nos crucifican, poner la vida en manos del Padre… nos lleva a tener “ya” parte en la vida, muerte y resurrección de Jesús. “Hoy”, Jesús es nuestro Rey; nos invita a participar del banquete de su reino, anticipando ya su Paraíso a nuestra tierra. ¡Dichosos nosotros!

Jesús quiere y desea ardientemente que su reino, el reino del Padre, el reino de justicia, de amor y de paz, sea una realidad visible en nuestra iglesia y en nuestra sociedad. Para ello hay que luchar con sus mismas armas, no con otras: defensa del pobre, perdón, servicio gratuito y generoso, confianza ilimitada en Dios.

A sus discípulos – a nosotros – no nos declara sus defensores ni sus legionarios. No nos envía a declarar la guerra y derrotar a sus adversarios. Nos pide que seamos recuerdo y memoria del mismo Evangelio que Él proclamó y vivió, y pan que alimente la esperanza y la fraternidad de nuestro mundo.

Venga tu Reino: que llegue “hoy” a nuestros corazones, a nuestras familias, a nuestras comunidades y a nuestro mundo.

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Redacción


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