Una religión auténtica

Comentario al evangelio dominical de Miguel Díaz Sada ss.cc.

Mucho de lo que hacemos en el fluir de la vida ordinaria es pura costumbre. Lo que conlleva ciertos peligros. Nos acostumbramos a la vida de familia, al trabajo, a la relación con Dios. Y puede acontecer que la rutina nos robe lo más hermoso de la vida humana y cristiana.

De este peligro nos habla Jesús en el evangelio: del culto externo en que el corazón queda al margen, donde no entran las ilusiones, las esperanzas o proyectos. Si la vida de la semana, con sus éxitos y fracasos, alegrías y sufrimientos, se queda a la puerta de la iglesia, si la celebración no concluye en envío con sentido cristiano a la nueva semana que comienza, podemos preguntarnos a nosotros mismos si no habremos caído en el ritualismo o fariseísmo que Jesús denuncia.

La segunda actitud que Jesús denuncia duramente, no ya en los fariseos, sino refiriéndose a sus mismos discípulos es la coartada del cumplimiento religioso como criterio de santidad y de buena relación con Dios.

“¿Tampoco vosotros entendéis?”, les pregunta y nos pregunta. Lo que mancha al hombre, a todo hombre y mujer, es la conducta injusta con los demás y el egoísmo, manifestado por la ambición de dinero (codicia) o el desenfreno de las costumbres. La buena relación con Dios no depende, pues, de la observancia de normas o ritos religiosos, sino de la relación con los demás. Una vida de amor y entrega, de servicio y de compromiso, es la ofrenda que Dios espera de nosotros.

Entonces, ¿para qué sirve el culto del domingo? ¿No caemos en el fariseísmo del culto vacío y sin corazón? Ese es el riesgo, pero también nuestra mejor oportunidad de celebrar el culto que Dios espera de nosotros.

Antes de hacer la ofrenda, nos reconciliamos; después, Jesús nos habla y alimenta; nosotros vamos conformando nuestro corazón con el suyo, tan alejado de todo fariseísmo; en la colecta compartimos nuestros bienes con los necesitados; al final Jesús nos envía a recorrer el camino de la vida, como hacía El, mirando alrededor, para curar, sanar, alimentar y ser “buena noticia”.

La Eucaristía es el sacramento de la autenticidad. Es expresión y fuente del culto que Dios espera de los discípulos de Jesús.

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Redacción


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