«Un verano de Pastoral Juvenil y Vocacional»

En este artículo Fernando Bueno ss.cc. hace su balance personal de su participación en las actividades de PJV de este verano.

Hoy, 11 de agosto, vuelvo de la última convivencia de verano. Miro atrás y parece que fue ayer cuando empecé la primera convivencia de PJV de este año, y de eso hace ya dos meses. Entre tanto se han sucedido convivencias, campos de trabajo, charlas, acompañamientos, grupos, visitas a localidades, encuentros… Todo un maratón que deja al cuerpo cansado y al alma fortalecida, que te hace salir de ti mismo y te lanza a la entrega continua, que te descentra de cualquier otra cosa que no sea Cristo, que te hace vivir con radicalidad la consagración hecha a Dios…

Hablando el otro día con un hermano se sorprendía de la cantidad de tiempo que hemos dedicado este verano a la PJV y a estar con los chavales. Y más, cuando esto va en detrimento del descanso personal y de las vacaciones de verano. La respuesta fue clara: todo por Dios, todo a Dios, todo en Dios, sólo por Él. El motivo último de la PJV es ayudar a los chavales que tenemos delante a que crezcan en la fe, a que avancen en el camino hacia Dios, favorecer y propiciar el encuentro con Dios, ayudar a descubrir lo que Dios quiere para sus vidas… No hay mayor regalo para un animador que ser testigo del encuentro personal que tienen los chavales con Cristo, poder presenciar las primeras lágrimas derramadas por experimentar el perdón de Dios, reconocer la acción de la gracia en las vidas de los jóvenes que se nos ponen en las manos… Sin duda es un regalo poder ver cómo un joven busca con deseo a Dios a la vez que lo desea buscando, cómo amando se encuentra con Dios a la vez que encontrándose con Él aprende a amarlo…

A la pregunta que le hacen a San Pablo de por qué hace lo que hace, es decir, por qué transmite el evangelio con toda su vida, él contesta que la sola respuesta está en la experiencia que ha tenido de Dios, aquél que “me amó y se entregó por mí”. A partir de ahí comienza una potentísima carrera por evangelizar y expandir el Evangelio por toda la tierra. Quizás, lo que se me vaya poniendo cada vez más de manifiesto a través de la PJV es la poderosa fuerza que tiene la experiencia de encontrarse con Dios y de dejar que Éste vaya modelando nuestro barro a su libre voluntad. Cuando esto sucede la vida cambia, uno se transforma, el amor de vuelve verdadero, la persona empieza a ser libre, nos convertimos en mediaciones de Dios para el mundo…

Después de estos dos meses me queda una pregunta de fondo: ¿Cómo puedo ser una mediación de Dios, a veces tan clara y tan fuerte, para los demás cuando la respuesta personal que yo doy a Dios, con frecuencia, es pobre y mediocre? El primer turno de Regina Mundi y la convivencia de “La Comunidad” me dieron la respuesta, o más bien me la recordaron: El Señor no nos eligió por ser los mejores sino que por puro amor lo hizo (Cf. Dt 7). Y es esta experiencia la que intentamos transmitir en la PJV, es decir, la del profundo agradecimiento a Dios por tanto bien recibido, la de considerar todo despreciable en comparación con el encuentro con Dios, la lógica del perder para ganar… Y tengo que reconocer que esta tarea me ilusiona mucho, si bien es cierto que cansa físicamente y agota.

Los meses de Junio y Julio se convierten para mí en meses casi sagrados, al igual que la casa de Jerez se alza como lugar santo, es decir, son tiempos y lugares en los que uno sabe que Dios ha preparado el terreno, en donde tenemos la seguridad de que entrando de lleno nos vamos a encontrar con Dios. Son lugares y tiempos en los que Dios prepara sorpresas para cada uno de los jóvenes (y también los animadores), en los que Dios sale al paso y transforma la mirada y el corazón. Tengo en mi mesa las evaluaciones de la convivencia de “Los pozos” y dice un chaval literalmente: “siempre estaré agradecido a esta semana del mes de Junio, y a esta casa de Jerez porque me han regalado la posibilidad de encontrarme con Dios”. Lugares donde entrar descalzo, con temor y temblor.

Es cierto que estos dos meses han sido cansados, pero también lo es que han sido un regalo y una bendición de Dios. Y esto por varios motivos: a) Ser testigo del recorrido en la fe de los otros siempre ablanda el corazón y humedece el barro del que estamos hecho para que las manos del Alfarero puedan seguir trabajando sin perder la huella que dejan sobre nosotros; b) Hablar, dialogar, acompañar a los jóvenes en sus inquietudes, encuentros, desvelos, preocupaciones, alegría, lágrimas… acerca de la fe se vuelve el mayor regalo que un animador pueda pedir a Dios; c) El don de la fe se vuelve exigencia y responsabilidad, así la tarea de evangelizar te lanza a cuidar tu propia relación personal con Dios, sin olvidar que la experiencia de la gracia y del amor de Dios siempre tienen la última palabra por encima de tu debilidad y fragilidad.

Por último, acabo dando las gracias a Dios por este tiempo, por estos lugares, por los jóvenes que han pasado por las actividades de PJV de este verano, y por todos los hermanos que trabajan en esta tarea ilusionante. Que el Señor nos conceda la gracia de ser buenos testigos de su Amor allá donde Él nos envía a predicar.

Hay momentos que las palabras no alcanzan

para decirte lo que siento Bendito Salvador.

Hoy te doy gracias por todo lo que has hecho,

por todo lo que haces, por todo lo que harás.

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Redacción


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