«Un mundo sin marginados»

Comentarios al Evangelio del VI Domingo del tiempo ordinario, en la Campaña de Manos Unidas, a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

En tiempo de Jesús, la lepra era la enfermedad que provocaba la marginación más severa entre los judíos. Por miedo al contagio, ciertamente, pero sobre todo por motivos religiosos. El leproso era impuro, como dice el Levítico. Hasta tal punto que transmitía impureza al que se acercaba a él y lo tocaba.

Jesús se conmueve ante el leproso; le toca, le limpia y le incorpora a la sociedad. Para Jesús no hay marginados. No le importa colocarse al margen de la ley. El Dios de Jesús no excluye ni margina a nadie. Jesús transmite un mensaje de esperanza a todos los excluidos y marginados de su tiempo y del nuestro.

Ya no solemos marginar por motivos religiosos. En esto, los cristianos hemos hecho un buen camino y nos hemos dejado inspirar por Jesús. Pero … ¡cuántas y qué profundas marginaciones se dan en nuestros días por razones económicas, sociales o culturales!

Con ocasión de la Campaña de Manos Unidas, Jesús nos invita a conmovernos y acercarnos a los millones de personas excluidas de nuestra abundante mesa de alimentos, cultura y medicina. No podemos decir que desconocemos la realidad: los niños famélicos de África o los meninos de la rua sin escolarizar entran en nuestros hogares a través de los medios audiovisuales. No apartemos la mirada ante imágenes tan escalofriantes. Es bueno conocer la situación de esos hermanos nuestros y profundizar en las causas estructurales que están originado tantos millones de “atentados mortales”.

También a escala reducida hemos de hacer frente al fenómeno de la marginación: es muy frecuente vivir como si los otros – vecinos, inmigrantes, enfermos, personas sin techo, niños menos dotados – no existiesen. Les alejamos de nuestra esfera vital, marcando las diferencias. Que no nos molesten. Esto es marginar, es decir, hacer lo contrario de lo que Jesús hizo. La grandeza de una familia o de una sociedad se manifiesta en la capacidad que tiene de acoger a los “otros”, superando todo tipo de prejuicios. Jesús se conmovió, se acercó y tocó al leproso.

Soñamos con un mundo de inclusión, no de exclusión. Y para construir este mundo sin fronteras educamos a nuestros hijos.

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Redacción


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