«Un descanso diferente»

Comentario del evangelio del XVI Domingo del Tiempo Ordinario de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.

El domingo pasado, durante la eucaristía Jesús nos envió a ser testigos del evangelio con poder para curar, sanar y echar los demonios o males que nos esclavizan.

Hoy, como hicieran los primeros discípulos, nos reunimos a comentar con Jesús cómo nos ha ido durante la semana. No todo han sido éxitos. El evangelio cotiza a la baja. El poder del mal campa por sus fueros y no lo hemos podido expulsar. Nosotros mismos nos hemos visto tentados por los espíritus inmundos que habitan en el dinero, en el poder y en la imagen. No hemos podido con ellos.

“Venid a un sitio tranquilo a descansar”. Durante el descanso, Jesús no nos cambia la tarea por difícil que nos haya resultado. Tampoco El cambió su mensaje, aunque le costara la vida. Nos pide que le miremos a Él, Buen Pastor; que nos dejemos conducir, inspirar y alimentar por El y por su Palabra. Que le admiremos en su “corazón compasivo” ante la multitud desorientada y manipulada. “Y se puso a enseñar con calma”.

Además del cansancio del discípulo o evangelizador, existe el cansancio humano. Es el cansancio que puede instalarse de manera insidiosa en el corazón de cada uno de nosotros y que no desaparece sólo por tomarse unas vacaciones. Su expresión es el aburrimiento producido por la monotonía de la vida.

La vida es en gran parte repetición de tareas domésticas y laborales; todos los días hacemos lo mismo. Por eso, si no alimentamos el corazón, si no buscamos nuevas motivaciones en la vida, corremos el riesgo de caer en la rutina y en el vacío interior. Las cosas pierden novedad, todo es igual, nada merece la pena.

Para recuperar la ilusión no basta visitar nuevos países ni estar tomando el sol. No es éste el verdadero descanso. La novedad debe venir de adentro hacia fuera, no de afuera hacia adentro. Para el creyente, la vida es un regalo de Dios que hay que agradecer, disfrutar y compartir cada día.

Que durante este tiempo de descanso al que Jesús nos invita, descubramos las fuentes de donde brotan la verdadera felicidad y el sentido de la vida: el diálogo en familia, la gratuidad en las relaciones, la oración, la ayuda a los demás…

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Redacción


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