«Un camello cojo»

Columna de Carmen Pellicer en la revista 21 del mes de enero de 2013.

Unas navidades un poco raras, sin buey ni mula, reyes que ya no vienen de lejos sino de aquí al lado y camellos cojos… Esa es la explicación que nos contaba una profesora de infantil que daban unos padres agobiados: dado que el camello del rey Melchor se ha herido en la pata, este año no puede llevar mucho peso, así que solo puede llevar un regalo pequeño para cada niño… Es la picaresca más amable de esta crisis cada vez más cruel, y difícil para hacerse entender a los más pequeños…

Cuando nacen, una quiere que sean muy felices, harías lo que fuera para protegerlos, para que no les falte de nada, para que no se repitan tus propios traumas, nadie las haga daño y todo les sea fácil. Cuando hay problemas procuras ocultárselos, dulcificarlos, que no les afecten, que no se interrumpan sus rutinas seguras y placenteras. Entre algodones, como coloquialmente se dice, con toda nuestra buena intención. Ya tendrá la vida tiempo suficiente para desencantarles, pensamos. Pero el tiempo por sí mismo no enseña automáticamente la fortaleza. Cuando no se ha aprendido a renunciar a lo propio, a vivir con austeridad, a gestionar los conflictos con serenidad, a compartir el cariño incluso en los momentos de tensión y a disfrutar de lo mucho bueno que la vida te pone delante incluso en los momentos más duros, no se puede improvisar la sabiduría para enfrentarnos a las dificultades.

No son momentos fáciles para las familias, y el año se dibuja incluso peor para muchos. Y por eso dar recetas es casi un sacrilegio, pero es cierto que la necesidad nos está haciendo descubrir la fuerza de muchas cosas que pasan más desapercibidas en tiempos de abundancia, como la solidaridad, el apoyo incondicional a los nuestros, la dedicación de los abuelos que ahora añaden más sopa a su puchero, las formas de disfrutar sin consumir compulsivamente y otras muchas oportunidades de enseñar a los más pequeños que fue el encuentro gozoso y feliz lo que provocó el regalo de Epifanía y no al revés.

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Redacción


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