Testimonio de un padre

Salvador Egea Solórzano, padre de nuestro hermano Paco Egea Suárez ss.cc., acaba de escribir este artículo a raíz de la institución de su hijo como acólito y lector el pasado mes de diciembre. Con ocasión de ese paso, evoca algunas vivencias personales y hace un recorrido por la trayectoria en la vida religiosa de su hijo Paco.

“HABLA, QUE TU SIERVO ESCUCHA…” 1 Sam 3, 10

17 de diciembre de 1973. Una jornada más me dirijo hacia “Ciudad Jardín” – Málaga desde el centro de la ciudad. Hace escasamente cuatro meses crucé el “charco” definitivamente. Un ferry de la Compañía Transmediterránea me ha trasladado a la emergente capital de la Costa del Sol desde la orilla opuesta del Mediterráneo. La travesía es expresión metafórica de una decisión meditada, pero no exenta de traumatismo: he solicitado la exclaustración como miembro de la congregación religiosa lasaliana. En Melilla he permanecido los últimos cinco años integrado en la comunidad religiosa del colegio “La Salle – El Carmen”. En Málaga convivo con un grupo de sacerdotes en la casa sacerdotal “Santa María de la Victoria”, en pleno centro de la capital, junto a la catedral.

El Delegado diocesano de Catequesis, Francisco García Mota, con el que previamente he mantenido algún contacto en función de mi especialización en teología y catequética, me ha acogido benévolamente y además de facilitar mi incorporación a la residencia “Santa María de la Victoria”, me ha propuesto como profesor adjunto de Religión en el Instituto de Bachillerato “Sierra Bermeja”, ubicado en la malagueña barriada “Ciudad Jardín”.

Los cinco años de permanencia en Melilla han supuesto una experiencia excepcional y un enriquecimiento personal extraordinario. Imparto las asignaturas de Filosofía y Letras y por supuesto Religión en los cursos de Bachillerato. Soy el animador de la pastoral juvenil del colegio. Las entrevistas personales, las reuniones mixtas de grupos adolescentes (alumnos del Colegio La Salle y alumnas del Colegio “Nuestra Sra. del Buen Consejo”), las convivencias periódicas… han dejado una profunda e indeleble huella, no sólo en mis recuerdos, sino, sobre todo, en la arquitectura de mi personalidad. Han transcurrido casi cuatro décadas y conservo como testimonio elocuente de las relaciones establecidas la correspondencia epistolar con algunos de aquellos alumnos adolescentes en plena ebullición vital y religiosa.

En Málaga colaboro en la Delegación diocesana de Catequesis y participo como ponente en ocasionales cursos y charlas organizados por la misma Delegación. Aunque en un contexto diferente al de Melilla, como profesor tengo ocasión de establecer nuevos contactos con los adolescentes y jóvenes. Recuerdo la especial sintonía con miembros del grupo Adsis (www.adsis.org).

Avanzado el curso escolar solicité el inicio del proceso de secularización, cuya resolución está fechada el 11 de octubre de 1974.

Todas las vivencias y experiencias reseñadas se agolpan y reverberan en mi memoria la tarde del 17 de diciembre de 2011.

Durante la celebración eucarística vespertina en la malagueña parroquia “Virgen del Camino” mi hijo Paco es instituido “lector” y “acólito”. Es un paso más hacia delante en el itinerario elegido.

El sábado 17 de abril de 2004, mientras tomábamos café al amanecer nos había sorprendido a mi mujer y a mí mismo anunciando su decisión de ingresar como pre-novicio en la Congregación de los Sagrados Corazones. Estaba a punto de culminar su graduación en la UCA, especialidad Filología francesa, con un excelente currículo, incluido un curso como “erasmus” en Toulouse.

No constituimos obstáculo alguno para llevar a cabo su vocación, bien al contrario nos sentimos bendecidos por Dios al dirigir su mirada paternal hacia un miembro de nuestra familia, convocarlo nominalmente a seguirle según el carisma de la Congregación de los SS.CC. y otorgarnos el don y la lucidez para asumir la respuesta de nuestro hijo Paco: “Habla, que tu siervo escucha…” (1Sam 3, 10).

Mi mujer, escueta, casi telegráficamente, reseña en las anotaciones que diariamente escribe en la agenda: 17.04.2004 “Paco . Estoy muy nerviosa. Feliz, agobiada, descolocada, no sé. A mediodía, a sus hermanos. Por la noche, vamos al cine, Salva, él y yo. ¡Mi Paco!”, Resume perfectamente los sentimientos de ambos.

En conversaciones distendidas y relajadas con familiares, amigos y miembros de la Congregación recuerdo haber comentado estar convencido de que la genética estaba totalmente al margen del camino emprendido por mi hijo Paco.

En septiembre de 2005 comienza en Sevilla el año de noviciado. Cada una de las etapas recorridas rememora mi experiencia personal.

Durante la celebración en la que oficializa el inicio del noviciado y después de las lecturas bíblicas experimenté la necesidad de expresar algún comentario. Solicité la correspondiente autorización para hacerlo. Uno de los textos elegidos para la ocasión fue 1Sam 3, 1-10 que da título a estas notas y evocaciones.

Mis palabras pretendían reafirmar en mi hijo la actitud de Samuel, dispuesto a escuchar la voz de Dios, discernir en todo momento la llamada del Padre y sobre todo le encomiaba de manera encarecida a ser coherente en su itinerario vital.

El sábado 26 de agosto de 2006 constituye una efeméride solemne y notable en el aludido itinerario: Profesión religiosa de mi hijo. Nuevamente transcribo las anotaciones de mi mujer en su agenda personal: “Día precioso. Juanma muy amable con nosotros. Llegamos a San Marcos sobre las 11 h. Ya está la gente de San Fernando, Adolfo, Miguel Ángel… Le plancho a Paco sus camisas. La celebración muy emotiva. Las tapitas muy bien. La gente toda en general muy contenta, amable. Mari Paz con nosotros un buen rato de charla y descanso en la Casa Provincial. Quedamos con los jóvenes en el centro. Cenamos con ellos. Luego Salva y yo un paseo y a descansar. Nos despedimos de Paco hasta el 31 que vendrá a San Fernando”.

Desde la Profesión religiosa de mi hijo han transcurrido cinco años. En Madrid, U.P. de Comillas, ha realizado los estudios y obtenido la graduación en Teología. Ha ido madurando la decisión asumida y ha completado su formación académica con actividades pastorales juveniles en la parroquia “San Victor”, dirigida por la Congregación SS.CC.

Durante el curso 2010-11, en Sevilla, como miembro de la comunidad religiosa ha ejercido la docencia en el colegio “San José” y participado asdímismo en diversas actividades con los adolescentes y jóvenes: reuniones, convivencias… Desde septiembre de 2011 realiza funciones similares en la comunidad de la parroquia “Virgen del Camino” en Málaga.

Hemos acompañado a mi hijo Paco la tarde del 17 de diciembre de 2011. Su hermana Irene. como la familia presente y los miembros de la comunidad parroquial, hemos vivido muy emotivamente la ceremonia de la institución de las órdenes menores: «Me he dado cuenta de que mi hermano Paco está ya al servicio de los demás…», comentaba Irene todavía conmovida tras recibir de su hermano el Pan eucarístico.

Como padre quiero terminar estas líneas testimoniando, una vez más, mi agradecimiento a quien con amor infinito dirige nuestros pasos y nuevamente, como hice el día en que inició el noviciado, instar a mi hijo Paco a ser siempre, en toda ocasión, coherente en su vida personal, de modo que la autenticidad sea permanentemente la norma de conducta que guíe sus decisiones y actitudes.

 

Enlace al vídeo de la institución de acólito y lector:

http://www.youtube.com/user/salvadoregea?feature=mhee#p/u/0/vJDlgGXh8N4

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Redacción


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