«Somos templo de Dios»

Una semana más, Miguel Díaz ss.cc. nos ofrece a través de sus palabras un comentario al centro de la lectura del Evangelio, en este caso del tercer domingo de cuaresma.

El Templo de Jerusalén: lugar de la presencia del Dios que había liberado a su pueblo de la esclavitud, que le había conducido por el desierto e introducido en la tierra de la promesa.

Cuando un judío creyente entraba en el Templo, se llenaba de emoción al sentirse inmerso en la historia de un pueblo llevado de la mano por su Dios. Pero…

En tiempo de Jesús, esa maravilla de templo de Dios se había profanado y transformado en centro del poder económico y político.

Jesús condena todo mercantilismo religioso: no se puede emplear el templo para enriquecerse o para tratar de comprar a Dios. Sólo desde la gratuidad es posible entender al Dios de Jesús. Ni se le compra ni se vende. Quien entre en el núcleo del mensaje del evangelio, se dará cuenta de que Jesús proclama un amor gratuito y sin límites de parte de Dios. La conversión que Jesús busca en sus discípulos habla de la misma gratuidad: perdón setenta veces siete, servicio ilimitado, bondad del corazón al estilo de la bondad del Corazón de Dios.

Destruid este templo: el templo del ritualismo, el templo del mercado y yo lo reedificaré en tres días. El templo es Jesús mismo, resucitado al tercer día y sacramento del encuentro con el Padre. El templo es el corazón creyente habitado por la presencia de Dios. El templo es la asamblea de discípulos convocada por el Señor. El templo es el edificio construido con piedras vivas, ensambladas por la fe en Jesús, piedra angular, y por el amor fraterno.

A los cristianos de los primeros tiempos les acusaron de ateos. No tenían templos, ni altares, ni sacerdotes… Sin embargo eran los hombres y mujeres más religiosos del mundo: celebraban la eucaristía. Lo que no tenían, lo eran ellos mismos: ellos mismos eran, juntamente con Cristo, templo, altar, sacerdote y ofrenda. Que la Eucaristía celebrada el Día del Señor sea el Templo de Dios en el corazón del mundo.

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