Se trata de igualar

Columna trimestral de Dolores Aleixandre rscj en la revista 21 de agosto-septiembre.

Hemos leído hace poco en la misa del domingo esta frase de la Segunda carta a los Corintios y la cosa es para pensársela en estos tiempos de penuria. Me ha recordado que, después de una pequeña estancia en el Tchad, volví con la impresión de que los habitantes del Norte nos estamos convirtiendo cada vez más endebles y blandos en comparación con los del Sur que resisten infinitamente mejor que nosotros las inclemencias del tiempo y de la vida en general. Aquí nos hemos acostumbrado a depender para todo de la energía: consumimos frío para que el calor no nos apabulle, calor para que el frío no nos paralice y, con palabras de un anuncio, consideramos un drama quedarnos sin agua caliente en la ducha.

Quizá por alguna rendija de la crisis se nos cuele el beneficio de hacernos un poco desiguales (aunque solo sea un poco…) a tantos millones de seres humanos que nunca han conocido tiempos de bonanza. Y aunque el Evangelio lo considera imposible, quizá estos ricos epulones que somos encontremos caminos para arrimarnos un poco a los que, como el Lázaro de la parábola, están esperando las migas de nuestro banquete. Y para recibir también de ellos algunas migajas de esa “abundancia frugal” que aquí estamos necesitando.

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Redacción


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