San Damián de Molokai

Comentario al Evangelio del VI Domingo de Pascua a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

Durante los domingos de Pascua, miramos al Crucificado Resucitado. Le reconocemos en su costado abierto, en las llagas de sus manos y de sus pies. De su Corazón nos llega el Espíritu que nos da la Vida.

Como nosotros, también Damián miró con fe al Corazón abierto del Salvador y de El recibió inspiración, vida y fuerza para seguir sus pasos.

Se entregó libremente, porque él quiso. Y, como Jesús, se entregó hasta dar la vida. Vivió entre los leprosos de Molokai; les acompañó siendo amigo, enfermero y sacerdote, les curó y vendó sus heridas, fue para ellos buen samaritano.

Hasta tal punto se identificó que se hizo uno de ellos, lo que tan plásticamente recogen las palabras con que iniciaba sus homilías: “nosotros, los leprosos”. En su cercanía y cariño por todos ellos, Damián se hizo héroe de la caridad. La vida de Damián interpreta a la letra las palabras de Jesús: “amaos como yo os he amado”.

A Damián le recordamos glorificado en la lepra, al estilo del Maestro en su trono de gloria: la cruz. Cuenta el hermano de Congregación que le atendía en sus últimos momentos: “Le pedí que me dejara su manto, como Elías, para tener su gran corazón. ¿Qué podrías hacer con él?, me respondió Damián. ¡Si está lleno de lepra!”. ¡Estaba lleno de amor y de vida!

Hoy Damián sigue inspirando; nos ayuda a comprender el evangelio del amor sin rebajas, nos enseña a ser “buenos samaritanos”, a querer con amor cordial y solidario – no solo con amor cerebral – a los muchos marginados de nuestro tiempo: inmigrantes, enfermos de sida, drogadictos, ancianos abandonados… También nosotros podemos seguir los pasos de Damián; para ello sólo tenemos que desembarcar en los muchos “molokais” de nuestro mundo.

En el evangelio de hoy, Jesús se despide dándonos su paz; antes se la dio a Damián; una paz que Damián supo transformar en felicidad. Con frecuencia, escribía a los suyos: “me siento feliz y contento en medio de mis leprosos”; “soy el misionero más feliz del mundo”. No en vano las bienaventuranzas de Jesús se formulan en términos de “felicidad y de dicha”. Dichosos…, felices…, bienaventurados…

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Redacción


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