«¿Quién es mi prójimo?»

Comentario al Evangelio del XV Domingo del Tiempo Ordinario, de la mano de Beltrán Villegas ss.cc.

El domingo pasado tuvimos ocasión de reflexionar sobre el acercamiento o aproximación del reinado de Dios, que constituye el polo más importante del mensaje de Jesús en cuanto buena noticia para el que lo escucha.

Hoy día ya la primera lectura nos habla sobre otra «cercanía» presentada como un privilegio del pueblo de Dios: la cercanía de la voluntad normativa de Dios. No es fácil decir con precisión qué tenía presente el Deuteronomio al hablar de esta manera. Pero el Evangelio nos deja ante la forma revolucionaria con que Jesús percibe esa cercanía. La podemos llamar con propiedad «aproximación» de la Voluntad de Dios, porque consiste en decir que esa Voluntad se pone cerca de nosotros en el «prójimo»: en el hermano que -por cualquier causa o razón- está cerca de nosotros con su necesidad. En ninguna palabra de Jesús se hace más claro que en la parábola del Buen Samaritano ese vuelco espectacular que él introdujo en la percepción de la Voluntad de Dios. Ese vuelco lo expresó el teólogo luterano R. Bultmann con una fuerza incomparable cuando dijo que, para Jesús, «la sacrosanta Voluntad de Dios se nos echa al cuello, no ya desde las páginas de un código o de un libro, sino desde la dolorosa realidad del hermano que está cerca de nosotros».

A lo que nos obliga la parábola es a identificarnos con el hombre malherido de la narración, y a ponernos en su lugar cuando él ve que por el camino junto al cual lo han dejado tirado, viene alguien que podría ayudarlo y que podría ser quizás el único o el último que pudiera hacerlo. ¡Con qué ojos lo veríamos! ¡Con qué ansiedad lo sentiríamos acercarse! ¡Qué esperanza no se encendería en nosotros! ¡Y con cuánta frustración lo veríamos pasar de largo y alejarse sin vuelta de nosotros! Sólo el que es capaz de sentir con las entrañas del otro, actúa como prójimo con él. Y es esto -nos dice Jesús- lo que nos debe preocupar, y no la pregunta teórica del maestro de la Ley «¿Quién es mi prójimo?».

Sin duda nos puede ayudar a saltar sobre la barrera o el muro en que tiende a encerrarnos nuestro egoísmo condenándonos a no ver más que desde nuestro punto de vista, el tener presente que Jesús ha querido identificarse para siempre con la porción sufriente y menospreciada de la humanidad. «Cuando lo hicisteis o dejasteis de hacerlo con estos pequeños que son mis hermanos, conmigo lo hicisteis o lo dejasteis de hacer» (Mt. 25). Es evidente que aquí también, como en las demás exigencias de Jesús, no estamos ante «recetas» que haya que cumplir al pie de la letra, y que hay que apelar a todo un discernimiento para actuar como Jesús nos lo pide. Pero ¡ay de nosotros, si ello nos mete en una casuística leguleya que nos haga olvidar que la Voluntad de Dios anda por nuestras calles echándosenos al cuello!

Avatar
Redacción


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies