Qué cosas pasan y qué no

Comentario al Evangelio del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario a cargo de Javier Cárdenas ss.cc.

Jesús se siente casi decepcionado porque algunas personas que lo buscan es porque se han limitado a ver el signo y no su significado. Es decir, que a pesar de ser protagonistas de la multiplicación de los panes no vieron en esta señal lo que significa: la realidad de Dios ofrecida al mundo. Solo se saciaron con el pan.

Ahora, el propio Dios da el verdadero pan del cielo, que es Jesús de Nazaret: Yo soy el pan de vida, “El que viene a mi jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”. Muchos de nosotros buscamos el sentido a nuestra vida, queremos vivir de verdad, intensamente. Para esto no se debe creer desde el bienestar (el solo tener) eso nos disminuye, nos hace más egoístas e individuales.

Hay que buscar el alimento que permanece, que alimenta el corazón, es el cariño por el otro, es la entrega definitiva, es la sed de justicia, el hambre de igualdad. Sólo en el amor entregado a los hermanos más pobres, en el amor profundo y donado a ellos permanece unido Jesús. Y es por esto que él siempre opta por la vida, por la dignidad de cada ser humano por acompañar a quien lo pasa mal y por luchar el pan de cada día.

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