Presentar y profundizar nuestros arraigos. JMJ.

Reproducimos este artículo de Nicolás Viel ss.cc., en el boletín «Coudrette» de nuestras hermanas de España, en el que realiza una reflexión sobre la JMJ a la que pudo asistir el pasado mes de agosto, haciéndose eco de algunas preguntas planteadas por Benedicto XVI.

“Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7).

Probablemente nunca veremos Madrid con tantos colores diferentes y con tanta vida. Cada rincón era un espacio de encuentro y fiesta. Era una fiesta abierta para todos, en ella no importaban los méritos y rangos. No sé si veremos nuevamente la ciudad con sus sentidos colectivos tan vivos y dispuestos a servir y acoger. Más que nunca se ha vivido el “unos a otros” del que nos habló Jesús.

Los miles de peregrinos que llegaron de muy lejos fueron expresión viva de un Jesús que nos llamó a la itinerancia y no a la estabilidad. Seguir a Cristo no tiene mucho que ver con una vida quieta, estable y segura. Seguirlo a Él es recorrer caminos nuevos y es asumir que el amor es entrega y riesgo. No se sigue a Jesús para cuidar la vida. No es un camino para andar por propia cuenta sino con otros y así “redescubrir los senderos del pobre”.

Las imágenes oficiales decían mucho: Las masivas celebraciones litúrgicas, los impecables discursos y homilías, la emoción colectiva por el paso del Papa por las calles, las impresionantes y modernas escenografías, la tormenta en Cuatro Vientos, la protesta de los indignados.

La JMJ fue más de lo que se vio. Ella tuvo mucha vida oculta expresada en gestos discretos llenos de humanidad como la acogida de miles de familias, el encuentro fraterno de personas muy diferentes, el reconocimiento de rostros concretos de países que apenas habíamos escuchado, el espontáneo intercambio de algún recuerdo, el ambiente festivo en los vagones de metro, el valor de la diversidad de la Iglesia, etc. Muchos de esos gestos perviven todavía. No hay dudas que nuestras raíces se han visto alimentadas por su sencilla belleza.

El mensaje central fue una invitación para pensar en nuestros arraigos. El ser humano no puede vivir sin echar raíces. En nuestra época actual nuestros arraigos suelen estar amenazado por el individualismo y carácter atómico de nuestras sociedades. Pese a la violencia que vemos en el mundo, toda la muerte y la indiferencia frente al dolor de nuestros hermanos todavía hay tierras de fecundas raíces en cuyos suelos el ser humano puede arraigarse y echar fuerte raíz. El Papa nos invitó a construir juntos, nuevos y sólidos fundamentos para nuestra vida. De sus intervenciones hay tres preguntas que me gustaría poder recordar. Presentar y profundizar nuestros MJ

La primera la formuló en su encuentro con los profesores universitarios en El Escorial. Ahí preguntó ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? En este encuentro hizo énfasis que a nuestra sociedad no le basta con una excelente preparación técnica de carácter utilitaria y pragmática. La fe invita a no tener una mirada reduccionista de lo humano. Hay algo más elevado que constituye al hombre, no somos solo consumidores. La fe invita a no perder la sensibilidad y la ilusión de una sociedad diferente. La técnica instrumental, los datos fríos y anónimos no bastan para una vida verdaderamente humana. El amor tiene que ser el verdadero motor de nuestra vida.

La segunda pregunta fue formulada en su Homilía en Cuatro Vientos: ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy? La persona de Jesús tiene mucho que decirle todavía a nuestra vida. Sigue siendo un camino valido de plenitud y entrega. La Fe es más que un simple dato empírico o histórico. Solo ella “es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad”. Se nos invitó a no temer y mirar a Jesús a la cara para decirle: “yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone”.

También se nos remarcó que este camino de seguimiento no es para hacerlo en solitario. Nuestra Fe es comunitaria. Seguir a Jesús por nuestra propia cuenta o “vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo”. Por último en el encuentro con los Voluntarios antes de partir, el Papá destacó que ellos han sido el “rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega a los demás”. En Ifema se preguntó: ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio? Su último mensaje fue a “dejaos llevar por el Señor y ofreceos como voluntarios al servicio de Aquel que «no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45)”.

Al amor de Cristo solo se puede responder con amor y todos testigos esos días de “cuántos sacrificios y cuánto cariño” había en este encuentro. Esta experiencia de encuentro con otros diferentes nos vitaliza para seguir construyendo juntos la promesa de un suelo nuevo ante nuestros arraigos desvanecidos. Si la JMJ no profundiza nuestro arraigo en Jesús, en nuestras pertenencias comunitarias y en nuestro anhelo de servir a los pobres solo habrá sido un bello espectáculo y recuerdo. ¿Cuáles serían el suelo y el fundamento para un arraigo venidero?

La JMJ terminó y la ciudad vuelve a su ritmo normal. Todos de alguna manera hemos vuelto a casa y a nuestra rutina. “La vuelta a casa es la parte más hermosa, más preciosa y arriesgada del viaje”. Solo en la vuelta a casa podemos ver lo frágil que es nuestra vida y nuestras opciones. De esa fragilidad podemos construir lo nuevo.

Muchos hemos regresado con preguntas nuevas que son parte importante del viaje. Quizás algunas de ellas harán que nuestras casas se conviertan en alberges provisionales y acercarán a aquéllos que antes estaban lejos. Algunas de esas preguntas nos ayudarán a que todo lo propio se desmitifique y serán el impulso de nuevas partidas más bellas y eternas.

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Redacción


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