Pascua Juvenil en Casa P. Damián de Jerez

“¡Qué bueno es Dios!”. Con estas palabras, tan agradecidas como sorprendidas, se puede resumir nuestra experiencia. Y es que en estos días, han sonado más de una vez en la casa de Jerez. Porque, efectivamente, Dios ha sido bueno con nosotros: ha sido bueno con Pedro, Ángela, Alberto y conmigo, al regalarnos acompañar esta experiencia; y ha sido bueno, muy bueno, con los veinte jóvenes de entre 20 y 30 años que acudieron, invitados por él, a acompañarle en esta Pascua.

En estos días, hemos podido ver que donde se reúnen dos o tres en Su nombre, allí está Jesús. Antes de sentarnos a su mesa el jueves santo, Pedro nos invitaba a mirarnos unos a otros, a fijarnos en los hermanos y hermanas con que el Señor nos invitaba a celebrar su Pascua en comunidad. Y tenía razón: es Él quién ha hecho esta Pascua, quién nos ha constituido en comunidad. <

Y es que ha sido una oportunidad para pasar, y no de puntillas, sino dejando el corazón en el paso. Pasar por dejarnos lavar los pies y lavárselos a los otros; pasar por su Cena y por su angustia en el Huerto; pasar por su Cruz y permanecer allí con él; pasar, junto a María, por su dolorosa ausencia. Y pasar por su vida abundante, gozosa, reparadora…

Esta experiencia nos empuja a no guardarnos la noticia, sino a dar testimonio de su Vida con nuestra vida. Además, esta Pascua (que solo se vive una vez en la vida; dos, algún afortunado) nos lanza a vivir los próximos años nuestra pascua local con la profundidad aquí descubierta. No queda otra que parafrasear el pregón de la Vigilia pascual: ¡¡Qué días tan dichosos…!!

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Pablo Bernal Rubio ss.cc.


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