Medianoche en París

Paco Egea ss.cc. comenta mensualmente una película de interés en el boletín «Coudrette» de las hermanas de España. En el último número ha recomendado «Medianoche en París”.

Lo reconozco: siento debilidad por el cine de Woody Allen. Y he de admitir también que me encanta París. Por tanto, muy mal tenía que hacerlo el veterano director para que este último trabajo no me hiciese disfrutar como algunas de sus películas más sobresalientes y divertidas. Como el protagonista de la cinta parece que Woody Allen hubiese viajado en el tiempo para encontrar la inspiración en unos de sus clásicos: La rosa púrpura de El Cairo, con quien Midnight in Paris tiene puntos en común. Siguiendo con las comparaciones, resulta evidente que, a diferencia de Barcelona en Vicky Cristina Barcelona, París sí juega un papel fundamental dentro de la trama, al estilo de Nueva York en Manhattan. Los cinco primeros minutos son un paseo a ritmo de jazz por la ciudad francesa (y sólo por eso ya merece la pena la película), pero luego París comienza a ejercer su embrujo sobre el personaje protagonista, que atraviesa una crisis creativa que deviene en amorosa y a la postre en existencial.

Para ello el director y guionista introduce el elemento fantástico en la historia a través de un viaje en el tiempo que llevará al protagonista (como siempre un álter ego del propio Allen) a codearse con los grandes artistas que residían en París durante los años 20. Gracias a este toque de realismo mágico desfilan por la pantalla: Hemingway, Fitzgerald, Picasso, Dalí y Buñuel, entre otros autores que se han convertido en referentes para Woody Allen. En la medida en que el espectador conoce la vida y obra de estos artistas podrá disfrutar más de los diálogos y las situaciones que tienen lugar durante las escapadas nocturnas del protagonista.

Merece la pena ver la película por la originalidad del argumento, por lo bien que la cámara retrata la belleza de París, por la aparente sencillez con que transcurre la película, porque está bien rodada y muy bien interpretada, y por el tono optimista de la historia, que defiende el presente frente al pasado y la búsqueda como motor de la existencia.

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Paco Egea ss.cc.


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