«Mamá, ¿Dios es verde?»

Mamá, ¿Dios es verde? se presenta el próximo martes, 28 de mayo, a las 19.30 horas, en el Fórum FNAC Callao, Madrid, en un acto en el que intervendrán, junto a Mª Ángeles López, redactora jefe de la revista 21, Pedro Miguel Lamet, escritor y periodista, Migueli, cantautor, y Luis Fernando Vílchez, profesor universitario, psicólogo y director de la colección «Religión y Educación» de la Editorial San Pablo.

 Mª Ángeles López Romero, periodista y autora de dos libros de éxito, Papás blandiblup y Morir nos sienta fatal, ha escrito un nuevo libro: Mamá, ¿Dios es verde?, una simpática conversación con su hijo Miguel, de 7 años, sobre Dios y la fe. Mañana lo presenta en el Fórum FNAC-Callao, arropada por el escritor y periodista Pedro Miguel Lamet, el cantautor Migueli, y el profesor universitario y psicólogo Luis Fernando Vílchez, que es también director de la colección. Hemos querido hablar con la autora antes de la puesta de largo de su libro.

¿Desvela en el libro la respuesta al título? ¿Cómo es eso de que Dios es verde?

La pregunta se le ocurrió a mi hijo cuando contaba solo cinco años. Y fue el origen de este libro, que pretende responder a las preguntas esenciales sobre Dios, la fe, la Iglesia, la religión… de un modo sencillo y comprensible para cualquier lector. Pero la verdad es que mis respuestas suelen generar más preguntas. Procuro huir de los dogmatismos. Así que la solución suele quedar al arbitrio del lector. Sí le adelanto que a medida que avanza el libro Miguel llega a la conclusión inevitable de que Dios es color carne. Lo ideal sería dejar de imaginar a Dios a la medida de los seres humanos y empezar a imaginarnos a nosotros a la medida de Dios.

¿Qué hay de novedad en este libro, más allá de la originalidad de su título?

No sé si es absolutamente original, pero hay en él desde luego un esfuerzo notable por renovar los lenguajes, las imágenes literarias y fórmulas con las que hablamos de Dios. No solo a los niños. También a los adultos. Porque este no es un libro para niños.

 ¿A quién va dirigido entonces?

 A adultos que quieran transmitir la fe a sus hijos, nietos o alumnos. A creyentes cansados del lenguaje religioso manido, que quieren ver expresado aquello que creen y viven sin sentirse incómodos. Incluso a aquellos no creyentes interesados en conocer mejor en qué cree exactamente un creyente de hoy, que no tiene nada que ver con los tópicos que suelen difundirse al respecto. Los que busquen la fe del carbonero o el «milagreo», en este libro no los van a encontrar.

 Deduzco por su libro que usted considera que se puede (y se debe) hablar de todo con los niños…

 Claro. Ya avisaba de ello en mis anteriores libros, Papás blandiblup, y Morir nos sienta fatal. Más aún si se trata de algo que entendemos que es bueno para ellos, como conocer a Jesús de Nazaret y el modelo de vida que nos propone. Pero, claro, hay que encontrar el modo. Lo he pasado muy bien buscando metáforas y comparaciones que le permitieran entender. Y así el Espíritu Santo es la banda sonora de una película o la fe una especie de carné por puntos que hay que renovar porque, si no, se vuelve inservible.

 ¿De qué color es la piel de Dios?

 Miguel diría que es color carne. Desde luego el mejor modo de conocer a Dios es fijarnos en Jesús. No hay mejor brújula cuando nos asalten las dudas.

 Dice que abusamos de nombrar a Dios a todas horas, pero, ¿no es también importante hablar de Dios, transmitir nuestra experiencia de Dios a los demás, y especialmente a los niños? ¿Cómo compaginar ambas cosas?

Claro que es importante transmitir la experiencia de Dios a nuestros hijos cuando hemos vivido nuestra propia fe como algo bueno para nosotros, que conforma nuestras vidas,  nos ha aportado felicidad y nos ha enseñado a ser mejores. Pero a veces caemos en el error de pensar que transmitimos más si hablamos mucho de ella, o que el único modo de hacerlo es ése. Mi abuela decía que «obras son amores y no buenas razones». Seguramente la mejor manera, si no la única, de transmitir verdaderamente la fe sea el testimonio. El ejemplo de vida. Jesús dijo «por sus obras los conoceréis». No por sus discursos. Ni siquiera por sus oraciones, aunque la oración sea una magnífica manera de entrar en contacto con Dios.

¿Por qué la fórmula del diálogo con su hijo?

Porque me permite el juego literario y me obliga a la sencillez, que era un ingrediente imprescindible en este proyecto. También porque no quería desaprovechar los últimos coletazos de chispa, ingenuidad, frescura y picardía de mi hijo pequeño antes de que se haga mayor. Algunas de sus preguntas y reflexiones son verdaderamente desarmantes. Y por eso muy estimulantes. Cualquiera que se relacione con niños de esas edades sabrá de lo que hablo.

 ¿Por ejemplo?

 Me dijo que estaba claro que los dueños de una panadería eran muy cristianos porque leyó el eslogan: «El pan nuestro de cada día»… En otra ocasión le pidieron en catequesis  que rezara el Ave María y cantó, con música de Bisbal: «Abre María, la panadería, si tú la abres yo te compraría…». Son sólo dos anécdotas, pero reveladoras de lo desconcertante que puede llegar a ser.

 ¿Y qué cosas pregunta un niño cuando habla de religión?

 ¡De todo! No hay temas tabú para él. El mal, el infierno, los curas, las otras religiones, el origen de la vida… A todo eso y mucho más me ha obligado a responder. Pero más allá de los detalles en que podamos entrar en nuestra conversación, Mamá, ¿Dios es verde? habla de compromiso con los más desfavorecidos, de ser feliz y hacer felices a los demás. Del modelo de vida que propone Jesús, no de normas, reglas, pecado y condena. La intención es que este libro sea liberador.

Algunas de sus respuestas pueden molestar en los sectores más ortodoxos y conservadores de la Iglesia. ¿Le preocupa?

No en la medida en que el libro está escrito desde la honestidad y la libertad de conciencia de alguien que no es teóloga. Solo soy una mujer creyente que ha llegado a la conclusión de que la fe ha sido algo bueno, felicitante y liberador para ella y quiere por eso dejársela a sus hijos en herencia. Si molesta a alguien, lo sentiré, pero no podía dejar a un lado mi honestidad cuando se trata de hablar de principios y creencias. Y tampoco creo que sea necesario dar de lado el sentido del humor cuando se habla de fe.

Aunque Dios aparece en el título de su libro, usted propone en él dejar de nombrarlo por su nombre de pila y hacerlo más bien por sus apellidos. ¿Cómo lo haríamos?

Las formas pueden ser infinitas. ¿Qué le parece el Amor con mayúsculas, o el Corazón del Mundo? Lo de menos es cómo lo nombremos. Porque a veces esos nombres que le damos no son más que barreras que ponemos entre nosotros. Verdaderamente creo que estamos abusando de nombrar a Dios a todas horas. Y a veces lo usamos como arma arrojadiza. Pero lo importante es cómo lo percibas tú. Cómo lo sientas. Cómo caliente tu corazón, dé alas a tu alma y aliente tus ganas de ser mejor y darte a los demás. Esa es la moraleja de este libro.

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Sociedad de San Pablo


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