La Paz de Jesús

Comentario al Evangelio dominical a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

No siempre resulta fácil comprender y, mucho menos todavía, seguir a Jesús. A veces nos desconcierta con sus afirmaciones. “¿Pensáis que he venido al mundo a traer paz?”.
Pues sí, Señor, eso es lo que pensamos. Eso es lo que desde el principio hemos creído. El anuncio de tu nacimiento resonó en Belén y en el corazón de todas las personas de buena voluntad como mensa- je de paz: así lo entendieron los pastores. “Paz” fue también tu saludo cuando te dejaste ver Resucitado por tus discípulos y con tu “Paz” nos acoges y nos despides cada domingo en la celebración de la Eucaristía.

Nada más dañino para el anuncio del evangelio que pactar con la “falsa paz” del mundo. Cuando se ignora el dolor ajeno y el sufrimiento de naciones enteras, se cierra el camino al anuncio del nuevo mundo por el que Jesús vivió, trabajó y murió.

Nosotros queremos “vivir en paz”, es decir, que nos dejen tranquilos, vivir sin complicaciones, sin preocuparnos de los demás ni de sus problemas. Así, pasamos de largo de todo. Los problemas de la sociedad no van con nosotros.

Contra esa paz egoísta, comodona, insolidaria y rutinaria, Jesús “declara la guerra”. “No he venido a traer la paz, ese tipo de paz, sino la auténtica Paz que es fruto de la justicia y del trabajo de todos”. Nada más dañino para el anuncio del evangelio que pactar con la “falsa paz” del mundo. Cuando se ignora el dolor ajeno y el sufrimiento de naciones enteras, se cierra el camino al anuncio del nuevo mundo por el que Jesús vivió, trabajó y murió.

Entregarse a la causa de la Paz de Jesús no es negociable y pasa por encima de los vínculo sociales, políticos y familiares. Lo que puede generar tensión y división. Jesús no ha venido a este mundo a dejar las cosas como están, tranquilizando las conciencias de unos y dejando a otros tirados al borde del camino.

“He venido a prender fuego en el mundo”: es el fuego de Pentecostés, las lenguas de fuego que nos enseñan a hablar la lengua universal del corazón y del amor. Es el fuego que destruye fronteras, denuncia injusticias y pone las bases de un mundo reconciliado y en paz.

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Redacción


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