La mula y el buey

Conrado Monreal ss.cc., superior de la comunidad de la Casa Provincial-SS.CC., leyó en la Nochebuena el siguiente pregón navideño.

Estas Navidades no estaríamos en la onda sino hablamos de la mula y el buey. San Francisco, el de Asís, cogió del ramal a la mula y al buey y los puso en el pesebre. Francisco, el sencillo, veía que la mula y el buey, con sus grandes orejas y según el Profeta, escuchaban mejor la Palabra de Dios que los oídos duros de su pueblo. Por eso los puso presentes en el portal.

Tanto el buey como la mula son tranquilos, trabajadores, serviciales y un tanto cachazudos, pero eran compañía del sencillo labrador. Habían estado labrando la viña todo el día y la noche era para ellos descanso gozoso, cerrando los ojos para no ser deslumbrados por las estrellas.

¿Pero, aquella noche, cómo podían imaginar, la mula y el buey, que iba a ser iluminada por una luz que no era del sol, sino que partía de un niño que misteriosamente clareaba la historia de los hombres dándole una cara nueva con mejillas de esperanza. La mula guiñó el ojo al buey para retirarse a un rincón de la cabaña. Comenzaba a llenarse de pastores y el recinto era pequeño. Nuestro aliento, es verdad, que daba un poco de calor húmedo al niño, pero la alegría y los arrumacos al niño lo ponían las manos duras y callosas de los pastores. La sonrisa la ponía la madre.

Nosotros, en el rincón de la cabaña comentamos, que aquel niño rezumaba algo nuevo. Sentimos que nuestro trabajo era importante y que el servicio y sencillez algo valioso, sentimos en nuestros ojos el calor de la paz. El agradecimiento lo puso José peinando con sus manos nuestros lomos. Luego nos dormimos y al día siguiente fuimos a trabajar a la viña.

Hoy, a los dos mil años de aquello, los adelantados del progreso, hemos cambiado la mula y el buey por el tractor y ya no canta la aurora al trabajo honrado y sencillo, al servicio y al amor a las cosas pequeñas, hoy la canción lleva letra de dinero y de poder. ¿No habrá que volver la mirada al niño de la cabaña para sembrar paz grande y paces chiquitas y para brindar por tanta gente pequeña que siembra de amapolas el jardín de la esperanza?

Entre esta gente sencilla están nuestros compañeros mártires del siglo XX que sembraron de fe y perdón una noche triste de la historia. Su vida estuvo mojada de sencillez como si la hubiera besado la frescura del rocío. Ojala que para nosotros el mirar a sus ojos sea como beber en una fuente.

Este año vamos a vivir a la sombra de estos hombres, que fueron de carrera corta pero intensa y rápida alcanzando la meta que ellos la tenían bien iluminada y clara. Por eso el símbolo de este año queremos que sea su presencia colgada de nuestros ojos. Feliz Navidad y un nuevo año venturoso.

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Redacción


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