La mirada de Jesús

Comentario al Evangelio del XI Domingo del Tiempo Ordinario, de Miguel Díaz ss.cc.

Un gesto y un comentario del Papa Francisco pueden ayudarnos a comprender la escena del evangelio: Jesús mira, acoge, perdona y dignifica a la mujer pecadora.

Un gesto: Durante la misa del pasado jueves santo, el Papa lavó los pies a 12 jóvenes detenidos, elegidos de diferentes nacionalidades y distintas confesiones religiosas, entre ellas una niña musulmana y un joven ecuatoriano, siguiendo una tradición que cumplía cuando era arzobispo de Buenos Aires.

«Lo hago de corazón», dijo el papa a los jóvenes del centro penitenciario antes de lavarles los pies. «Amo hacerlo porque el Señor así me lo ha enseñado», explicó.

Un comentario: “A menudo nos comportamos como «controladores de fe» y no como «facilitadores», se lamentó el papa durante su misa diaria en la residencia de Santa Marta, en el Vaticano. En su homilía, el papa argentino citó el ejemplo de un cura que se negó a bautizar al hijo de una madre soltera.

«Esta mujer tuvo la valentía de proseguir su embarazo (…) ¿y qué es lo que encuentra? Una puerta cerrada», dijo el papa. La mirada de Jesús, siempre acogedora y comprensiva, contrasta con el rigorismo humano y religioso con que juzgamos y marginamos.

Jesús elimina barreras sociales y religiosas, lanza puentes de humanidad, incluye en la esfera de Dios a los excluidos por la religión oficial y por la sociedad.

Volvamos a la escena del evangelio: Jesús sentado; una mujer pecadora, arrodillada, besa sus pies, derrama sobre ellos sus lágrimas, los unge con perfume y los seca con su cabellera. Parece una escena poco edificante. ¡Si Jesús la conociera, la reprendería y la echaría de su presencia! Así lo creía el fariseo. No es el sentir de Jesús.

Tampoco es el sentir del Papa Francisco ni el de tantos discípulos de Jesús que se acercan a toda clase de marginados, viven con ellos, les ayudan y acompañan. Son amigos y hermanos. Tanto los discípulos como los marginados tienen el rostro de Jesús. “Lo que hicisteis a uno de éstos—enfermos, hambrientos, prisioneros…— me lo hicisteis a mí”.

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Redacción


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