La Buena Madre y la adoración

Os ofrecemos un artículo de Félix González ss.cc., publicado en el boletín «Coudrette» de nuestras hermanas de España, en torno a la Buena Madre y la adoración.

En el último encuentro de la Tercera Edad, en El Escorial, entre otras cosas se habló sobre la Adoración. Y era sentir común que, actualmente, estábamos viviendo un nuevo renacer del aprecio por la Adoración, y una creciente práctica individual. Las Hermanas han sido siempre más fieles a la Adoración que los Hermanos.

Ha habido una época en que la práctica de la adoración entre ellos había descendido, no digo alarmantemente, pero sí notablemente. Gracias a Dios, se está recobrando nuevamente, a juicio de todos los que participábamos en el encuentro. ¡Demos gracias a Dios!

Quisiera en este breve artículo, traer el ejemplo de la Buena Madre, respecto a la Adoración. ¿Cómo la vivía? No cabe duda que para nuestra Fundadora, la adoración ocupaba un lugar y una importancia privilegiados. Así escribe en una ocasión, dirigiéndose al Buen Padre: “Cuando usted organizó la Adoración en el “Moulin â vent”, y me señaló una hora, sin darse cuenta de ello, fijó mi destino”. Y no cabe duda que ejerció muy bien su destino como “adoradora”.

Como muestra de cómo entendía ella el ejercicio de la Adoración, transcribo este párrafo, donde se manifiestan sus más profundos sentimientos:…”permanecer en silencio con Jesús, que se ofrece en tantos altares y en tantos que sufren. No me canso, lo necesito por tantos años perdidos sin él. Saberme reparadora es centrar la oración menos en mí, y más en el mundo donde el pecado hiere al hombre y a la sociedad. Pido por tantos que no piden perdón a Dios a través de Jesús, víctima ofrecida por nosotros. Cuando hago la adoración, traigo aquí, a la capilla, a los hombres, al mundo, a mi patria. Recibo ese amor para poder entregarlo. Tantos no lo reciben ni lo desean, que parecen no necesitarlo…Me ofrezco yo misma, víctima con él… a pesar de mi indignidad”.

Dice que no se cansaba, y quería recobrar el tiempo perdido. Pero según su testimonio, su oración no se centraba en ella misma, sino en aquello que hiere al hombre y a la sociedad: el pecado. Se reconoce como “celadora” del amor de Dios, y quiere cargar sobre sí, para repararlo, el mal de la humanidad. La adoración “reparadora” estará muy presente en su oración. Reconoce su “indignidad” (como muestra de su gran humildad), pero se atreve, no obstante, a hacerse una con ese Dios que sufre los efectos del desamor de los hombres:”me ofrezco yo misma, víctima con él, a pesar de mi indignidad”.

Una profunda vida mística la lleva a horas de adoración, a una unión continua y a fenómenos místicos que ella misma no logra explicar. Si a esto unimos su incomprensible necesidad de penitencia por medios hoy considerados excesivos, sus viajes y sus largas horas de adoración de noche, la vida de la Buena Madre es “un constante milagro”, según una afirmación del Buen Padre. Y es para todos los miembros de la Congregación, un ejemplo y modelo de fidelidad a la Adoración.

Avatar
Redacción


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies