Juntos celebrando a Cristo Resucitado

Este es el mejor resumen de la Semana Santa vivida en Torrelavega. Hasta allí nos desplazamos once miembros de la comunidad de laicos SS.CC. de Madrid, junto con nuestros acompañantes religiosos, María Antoni a y Garito, y Carla, hija de una de las laicas y miembro más joven -con diferencia- de este heterogéneo grupo.

El objetivo era claro, compartir ese tiempo tan esencial para los cristianos que es la Semana Santa con religiosos y religiosas de Torrelavega, así como con personas que normalmente participan de la vida diaria de las parroquias de Sierrapando y La Paz.

Han sido días de oración en grupo, de reflexión personal, de compartir nuestra vida y, por supuesto, de celebrar comunitaria y activamente las celebraciones de Jueves Santo, Viernes Santo y la Vigilia Pascual. ¡Qué decir de la excelente acogida recibida por parte de hermanos y hermanas! Como en casa. Nos repartimos para dormir y desayunar en una y otra, organizando comida y cena en la Comunidad Ntra. Sra. de la Paz. Las hermanas nos saludaban sonrientes por la mañana y se interesaban por nuestro día. En la comida con hermanos recordábamos viejos tiempos y anécdotas jugosas mientras dábamos cuenta del zurracapote aportado por Garito. Es realmente un placer sentarte a la mesa con personas a las que en su mayoría no conoces y sentirse acogido y querido, como si estuvieras en tu casa, seguro que en esto el espíritu de familia propio de la congregación tiene algo que decir.

Tras las oraciones de la mañana, compartidas con las comunidades parroquiales, teníamos nuestro momento de reflexión personal y puesta en común, al que también se sumaron los habituales de una y otra parroquia para dar una mayor riqueza al grupo.

Las tardes las dedicamos a la preparación de las celebraciones: quién lee, qué se canta, a quién lavamos los pies, quién viste y desviste el altar,… todos esos detalles que atesoran celebraciones tan ricas en gestos como las de Semana Santa. Menos mal que Aurelio está en todo y no deja que se escape lo más mínimo.

El viernes por la mañana fue el momento para que el grupo al completo se encontrara tranquilamente con las hermanas. Les explicamos nuestra organización y funcionamiento comunitario y ellas hicieron lo propio con el suyo. Pese a lo elevado de la edad media, es sin duda una comunidad con gran vitalidad, con una enorme capacidad de trabajo y de entrega.

El Sábado Santo quiso regalarnos sol y lluvia, y paisaje cántabro del que no se olvida. Tras nuestra oración de la mañana nos dirigimos hacia la costa para poder disfrutar de las vistas del Cantábrico, agitado y ventoso pero siempre atrayente. Comimos, paseamos y nos preparamos para el gran momento de estos días, la celebración de la Vigilia Pascual.

Con el cirio pascual encendido comenzó nuestra celebración de resurrección. Quizá destacaría por novedad para esta cronista, el gesto de las campanitas que con gran regocijo agitaron niños y mayores al entonar el Gloria, todo un signo de la alegría compartida por la resurrección de Cristo.

Ya el domingo, llega el momento de despedidas y de retorno a nuestros lugares de origen. Ha sido un momento de encuentro y celebración vivida en profundidad y nos ha brindado la oportunidad de seguir conociéndonos y entrañarnos aún más entre las distintas ramas de la congregación.

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Laicos ss.cc.


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