Juan de Dios ss.cc.: «El Espíritu del Señor sopla suave y constante en lo cotidiano» José Luis Pérez ss.cc.

Juan de Dios Carretero, 26 años, es religioso de la Congregación desde hace año y medio. Actualmente estudia 2º de Filosofía en la UPCO y vive en la comunidad del Colegio SS.CC. de Martín de los Heros. Malagueño, sensible al mundo de sufrimiento y la enfermedad, con un fino sentido del humor, sscc casi desde la cuna, lo descubrimos un poco más en esta entrevista. En ella comparte cómo vive ahora su identidad recién estrenada como religioso y cómo sueña el futuro de la Vida Religiosa ss.cc.

  1. Tu vocación nace en el contexto de la Parroquia Virgen del Camino, de Málaga, ¿puedes contarnos cómo fue este proceso?

La vivencia de mi fe siempre ha estado ligada a la Parroquia Virgen del Camino. Fue allí donde conocí la Congregación y empecé a descubrir qué era esto de ser seguidor de Jesús. Empecé a ir a la Parroquia para la preparación de la comunión, y desde ahí continué con toda la oferta de nuestra pastoral juvenil: postcomunión, voluntariados, convivencias, campos de trabajo, confirmación, comunidad juvenil… Siempre sintiéndome en casa y siempre muy bien acompañado por las personas que el Señor iba poniendo en mi camino.

Mi vocación nace mientras estudiaba la carrera de medicina en Málaga. Había escogido esa carrera porque buscaba que mi vida fuera una respuesta al sufrimiento de tantas personas. Pasados un par de años de estudios, percibí que no tenía puesto mi corazón en la carrera, no me estaba implicando a fondo en ella. Necesitaba plantearme de verdad mi vida, a fondo y a largo plazo. Y ahí entró el Señor con su llamada.

La pregunta vocacional llevaba tiempo rondándome el corazón, pero el miedo me había impedido formularla hasta entonces. El empujón que necesitaba llegó en la JMJ de Cracovia, a la que viajamos un grupo de jóvenes de la Congregación. Fue una experiencia de Dios, en la que sentí que el Señor me llamaba a una mayor entrega de mi vida. A lo largo de mis años en la Parroquia, había recibido el testimonio de vida de muchos hermanos de los Sagrados Corazones. ¿Y si el Señor me llamaba a mí a ese modo de vida? Necesitaba responder a esa pregunta con sinceridad.

Para ello, comencé un proceso de discernimiento vocacional con Poldo ss.cc., quien me acompañó durante ese tiempo. Pude conocer mejor la espiritualidad y la vida de los Sagrados Corazones, y me resultó tan atractiva que me llevó a pedir formar parte de aquello. Así empezaron mis pasos dentro de la Congregación. Estoy profundamente agradecido al Señor por la llamada que me hizo entonces y que me sigue haciendo cada día. Ese primer deseo de responder con mi vida al sufrimiento del mundo sigue estando vigente, ahora como hermano de los Sagrados Corazones.

  1. ¿Estás haciendo los Ejercicios Espirituales en la vida diaria, ¿qué es y cómo te va?

Uno de mis objetivos este año es cuidar el encuentro personal con Jesús, por lo que decidí cuidar la oración de forma especial. Por ello, contacté con un sacerdote jesuita para realizar los Ejercicios Espirituales en la vida diaria. Los Ejercicios Espirituales son el método de oración propuesto por San Ignacio de Loyola. Lo normal es hacer una semana o un mes de retiro para poder realizarlo adecuadamente. Existe una adaptación a la vida diaria en la que se distribuye el mes de ejercicios ignaciano a lo largo de todo un curso, esta es la que estoy realizando este año.

El método consiste en una hora de oración diaria, más el examen del día, que yo realizo cada noche. Además, una vez a la semana me reúno con mi guía de ejercicios para comentar cómo ha ido la oración y para que me proponga la materia de oración para la semana siguiente.

Básicamente, lo que persigue San Ignacio con su propuesta es situarte de nuevo ante el Dios que te ama y que puedas descubrir por dónde te va guiando su Espíritu. Para mí está siendo una experiencia muy enriquecedora. Principalmente, me está enseñando mucho sobre los tiempos y los modos de Dios. Creo que los jóvenes de hoy asociamos una oración buena a una oración intensa, emotiva, que nos permita disfrutar de una experiencia de encuentro fuerte y nos permita sacar una llamada en claro. Oraciones así no se dan cada día. El Espíritu del Señor sopla suave y constante en lo cotidiano. Muchas oraciones parecen secas, pero revisando a la larga esas oraciones, uno es capaz de descubrir al Señor en lo que resuena en su corazón. Paciencia y constancia, quizás sean esas mis dos grandes lecciones de los ejercicios hasta ahora.

  1. Te preguntabas hace un tiempo qué es que una cosa “salga bien” en pastoral, ¿qué vas descubriendo en ese sentido?

Vinculándolo con la pregunta anterior, puedo repetir que los modos de Dios muchas veces no coinciden con los nuestros. Hasta ahora, he entendido que algo ‘salía bien’ en pastoral si conseguía convocar a un buen número de personas para una actividad, si recibía la aprobación de que lo que había hecho gustaba a los destinatarios, si una determinada sesión de catequesis salía como la había preparado… en definitiva, lo que podemos considerar como una tarea ‘exitosa’.

Pero con esta vara de medir hay que tener cuidado. El objetivo de toda pastoral es ayudar a que cada persona se encuentre con Jesús, y eso es difícil de percibir a corto plazo. Siento que debo aprender a respetar más los procesos de cada uno. Muchas veces nos tocará sembrar sin imaginar los frutos que recogerán otros más adelante. ¿Estamos poniendo el corazón, estamos amando en nuestra tarea pastoral? Entonces estará ‘saliendo bien’, aunque no lo parezca o no lo percibamos como nos gustaría.

  1. ¿Cómo te imaginas la Vida Religiosa ss.cc. en el futuro?

Me surgen tres palabras: cercana, fraterna y alegre.

Me imagino una Vida Religiosa ss.cc. cercana al mundo, cercana al modo de Jesús, sin miedo a tocar las heridas de las personas sin consuelo, cercana para compartir camino con tantos que anhelamos seguir los pasos del Señor. Quizás por la distancia a la que nos obliga la pandemia, pero sueño con una Vida Religiosa que se haga cada vez más cercana.

La vida fraterna será el mayor testimonio que podamos dar a nuestro tiempo. Vivo con preocupación la constante polarización que actualmente experimentamos en todos los ámbitos. Percibimos una sociedad cada vez más dividida, en la que la diferencia se vive como amenaza. En medio de ese ambiente, somos un grupo heterogéneo que se mantiene unido porque nos sabemos hermanos unos de otros, hijos de un mismo Padre. La Congregación y la Iglesia tienen que ser un testimonio de fraternidad, como tan bellamente propone Francisco en la encíclica Fratelli Tutti.

Por último, sueño con una vida religiosa que testimonie alegría, no una alegría cualquiera, sino la alegría del encuentro con Jesús, que llena de sentido la propia vida. Creo que esta alegría profunda falta en muchas personas de nuestro entorno. Nosotros tenemos la gran suerte de haberla encontrado en una vida de entrega con el Señor. ‘Alegraos’, es el gran mensaje del Evangelio. Que nuestra vida religiosa sea un compartir la alegría que hemos recibido.

Sagrados Corazones
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