¡Feliz Navidad! Aurelio Cayón ss.cc.

Un año más, celebramos las fiestas del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que se ha hecho de nuestra carne y de nuestra sangre y ha puesto su tienda entre nosotros, para participar de nuestra historia, para compartir nuestra suerte, para hacernos iguales a él, hijos de Dios. La noticia es tan grande que no debe sonar a repetida, a rutinaria. Este nacimiento ha cambiado para siempre nuestro futuro.

La noticia de la Navidad tampoco debe pasar desapercibida entre todo el montaje de ruido, luces de colores y actividad comercial que hemos ido organizando en torno a ella. La palabra pronunciada por Dios en este tiempo se presenta como un susurro que solo puede ser percibido por quienes afinan el oído del corazón y son capaces de distinguirlo en medio de otras palabras aparentemente más potentes.

Que, al celebrar esta Navidad, no nos pase, como también dice el prólogo del evangelio de Juan, que la palabra “vino a su casa, y los suyos no la recibieron” (Jn 1, 11). Según el evangelio de Lucas solo algunos pastores que vivían al margen, alejados de los lugares importantes desde el punto de vista religioso, político o comercial, solo aquellos que estaban velando por turno sus rebaños fuera de la ciudad fueron quienes encontraron y reconocieron al Niño Jesús recién nacido (cf. Lc 2, 4-16).

Vamos a celebrar la Navidad, también este año, condicionados por la pandemia. Nos gustaría que esto no fuera así. Pero el Covid no nos impide celebrar el nacimiento de Jesús abriendo nuestros sentidos a la palabra de Dios que viene a nosotros, acogiendo a la persona que llega necesitada, estando cercanos al familiar que está enfermo, atendiendo al amigo que está triste, saliendo al encuentro con el otro, que siempre es nuestro hermano.

En la Nochebuena del nacimiento de Jesús, celebramos también el nacimiento de la Congregación de los Sagrados Corazones, haciendo memoria de los primeros votos de nuestros fundadores y renovando nuestra profesión religiosa. Damos gracias a Dios, que nos sigue llamando a ser testigos del amor que nos muestra en el Corazón de Jesús y en el Corazón de María, su Madre. En este año dedicado a San José, nos fijamos en él y en su capacidad para acoger la palabra de Dios.

En nombre de la Provincia Ibérica de la Congregación de los Sagrados Corazones, os deseamos una feliz Navidad.

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Sagrados Corazones
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