Evocando al P. Antonio Lucas ss.cc.

El pasado mes de agosto fallecía en El Escorial el P. Antonio Lucas Martínez ss.cc. En este artículo, Adolfo Sastre ss.cc. evoca la etapa del P. Antonio en el Colegio Rodríguez de Valcárcel.

Al recordar al P. Antonio Lucas, no puedo menos que asociarlo al Colegio “Valcárcel” de Cádiz. Ni la vida del Colegio se puede entender sin el trabajo realizado por Antonio ni a él se le puede conocer suficientemente sin su presencia y actuación en el colegio.

Recuerdo nuestra llegada. Fuimos destinados al colegio el P. Antonio, Juan Antonio y yo. Estábamos en Madrid. El viaje fue por la noche. Nos esperaban los profesores y niños de Valcárcel con la banda de trompetas y tambores, pero nos quedamos en Sevilla. Muy previsor. El P. Antonio quería recibir información de los Padres Salesianos que habían dirigido el colegio hasta entonces. Él y Juan Antonio tenían una experiencia grande de colegio, pero no era lo mismo dirigir un internado con 240 niños, procedentes en gran parte de familias con problemas, muy pobres o desestructuradas. Se trataba del Hospicio de Cádiz. Su decisión fue muy acertada y muy útil la información que recibimos.

Antonio se encargó desde el principio de la administración, obras y secretaría del colegio. También de la capellanía, compartida con un servidor, del Hospital Mora (“La Parroquia más importante de su Diócesis”), para D. Antonio Añoveros, Obispo de Cádiz. Respondía ese trabajo a la faceta religiosa de Antonio, que había dedicado mucho tiempo a la dirección Espiritual en el Colegio de Martín de los Heros.

Hombre incansable y muy práctico, desde el principio luchó para conseguir que el Colegio perdiera su carácter hospiciano: fuera los uniformes de los niños, aquellas blusas y sandalias de goma… Los niños debían vestir, comer y actuar como cualquier niño de Cádiz. Objetivo conseguido tras muchas idas y venidas a la Diputación.

Lucharía también para conseguir que el nivel intelectual del Colegio fuera como el de los demás colegios nuestros de España. Se contaba con un gran director, su primo Juanón. Se consiguió que el 30% de los alumnos fueran becarios del Pío, los niños más inteligentes de la Provincia de Cádiz, y que aumentara el número de alumnos externos. La fama del colegio se extendió, merecidamente, por todo Cádiz. Era un honor y una garantía el poder estudiar en “Valcárcel”.

Había niños en el colegio que no tenían familia, otros que no la visitaban desde hacía tiempo. Antonio capitaneó un operación para buscar familias, hacer que los niños fueran de vacaciones con sus familiares y para aquellos que no la tenían se les buscó una forma de adopción. De esa manera, niños de ocho a diez años consiguieron una nueva familia.

Obra de importancia sería la búsqueda de un terreno y la construcción de un albergue para el tiempo del verano. Después de buscar en varios pueblos de la sierra se decidió construirlo en El Bosque. Antonio de nuevo organizando y dirigiendo de la construcción. ¡Qué buenos recuerdos de vacaciones, convivencias, encuentros de jóvenes y hasta un Capítulo Provincial!

Antonio estaba en todo. ¿Qué futuro tenían los niños que habían terminado sus estudios y estancia en el Colegio? Operación pisos, como a él le gustaba decir: la Congregación adquirió una serie de pisos para los jóvenes que empezaban a trabajar o seguían estudios fuera del colegio.

Él estaba metido en todos estos fregados, algunos los impulsaba directamente, pero siempre trabajó en equipo. Todas las cosas del internado y colegio se llevaban entre todos los miembros de la comunidad, que al final de año había pasado de los tres iniciales a una comunidad de diez. En la reunión semanal de comunidad a las 7.30 h., se trataban todas las cosas de comunidad y sobre todo del colegio. Nuestra vida giraba en torno a los niños.

A pesar de todo el trabajo que teníamos, había tiempo para salir de excursión e ir conociendo los pueblos de la provincia de Cádiz… Antonio era el conductor más experto por ser el más antiguo y el que solía planificar las rutas a seguir. Conseguíamos volver sanos y salvos, aunque en aquella ocasión “girara en dirección que no podía, desoyera el pito del guardia y se metiera en dirección prohibida”. “Mire usted”, le dijo al guardia que corrió tras nosotros, “somos del colegio Valcárcel”… Y le engatusó. El guardia se contentó con pedirle la admisión de su niño en el colegio cuando creciera…

No le faltaba la faceta jocosa. Raro era el día en que no nos amenizara la comida con alguna historia procedente del Hospital Mora o de la Diputación. Muchas cosas quedaron grabadas en una libreta secuestrada que está en poder de un hermano y muchas otras que están en el corazón.

Seguro que cuando llegaste al cielo, las puertas te las abrieron muchas familias que se beneficiaron de tus esfuerzos, desvelos y lucha por esos niños que llevabas en el corazón

Descansa en paz.

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Redacción


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