Eucaristía de despedida en la Iglesia de República Argentina, Barcelona Nacho Moreno ss.cc.

El 12 de septiembre se celebró la despedida de la comunidad de República Argentina de Barcelona, dentro de la celebración de la Eucaristía. Esta es la última Misa que la comunidad Sagrados Corazones celebraba después de su llegada en 1927. Un día triste, las despedidas siempre lo son, también agradecido y lleno de esperanza. La Eucaristía nos envía a anunciar el Evangelio y eso han hecho todos los que han pasado por esta comunidad.

Presidió la celebración el cardenal arzobispo Juan José Omella, concelebraron el Provincial SS.CC., Aurelio Cayón, sacerdotes de la comunidad de República Argentina y otros ss.cc., un franciscano y un  carmelita de Vedruna, además del secretario del arzobispo y otro sacerdote diocesano.

Tras una sorprendente monición, la celebración se fue desarrollando con bastante sencillez.  Había profesores y familias del colegio, entre otros Josep Menargues, antiguo director y Chesca Marfá, directora general actual, y muchos fieles habituales de la Iglesia, que estaba realmente llena.

El cardenal habló en la homilía de tres actitudes ante este acontecimiento: agradecimiento, confianza y “a rezar hermanos”. Agradecimiento porque el Señor siempre da una luz a través de su palabra, incluso cuando llegan los malos momentos o una despedida. Citando el Eclesiatés, comentó que hay un tiempo para todo, hoy es tiempo de llegar y tiempo de marchar, el Señor sabe lo que hace. Son 95 años de presencia de una comunidad que ha sido reflejo de esa luz y ha acompañado espiritualmente a tanta gente. Gracias a Dios y a los que nos han precedido.

Confianza en que el Señor nos acompaña y no nos dejará a nuestra suerte. Los amigos de Job decían que no podría ser tan buen creyente cuando las cosas le fueran mal. Job hace esa oración tan conocida, tan confiada: “el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor”. Los cristianos a la salida me preguntarán (no lo hagan, ya me doy por preguntado): qué pasará ahora, se marchan estos señores y nosotros nos quedamos. Algo hay en el horizonte, aún no se puede anunciar, algo se hará. De momento hay también parroquias e Iglesias muy cerca, no dejemos de ir a Misa porque se han ido los padres. Recordó el cardenal “como se ha repetido tantas veces ante esta imagen del Sagrado Corazón, digamos hoy también esta oración tan conocida por todos, sagrado corazón de Jesús en vos confío. Cuando las dificultades nos hacen sufrir o nos invade la desesperanza, repitamos esta oración.

Y a rezar hermanos, porque a veces pedimos a los responsables que nos atiendan y nos den un cura bueno o una comunidad, pero también nos podemos preguntar qué hemos hecho nosotros para que estas decisiones se tengan que tomar. ¿Por qué a veces nos cansamos de rezar por las vocaciones para que el Señor mande obreros a su mies? Nos olvidamos de rezar para que haya sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos, para que haya matrimonios que se quieren y manifiestan el amor de Dios.

Terminó su homilía con el final evangelio escuchado, tomar la cruz la cruz es duro pero para llegar a la resurrección y para llegar a la vida hay que pasar por la cruz como decían los clásicos a la luz por la cruz. Y Dios no nos pide llevar cruces que no podemos soportar o que nos aplastan.

Hubo después varias intervenciones de cristianos de la Iglesia, palabras de agradecimiento y también de una cierta reivindicación acorde a lo que vivimos; de la directora del colegio, Chesca Marfá, que quiso señalar que ahora la Congregación cierra la comunidad de los religiosos de República Argentina pero no deja su presencia en Barcelona, en el colegio Padre Damián, ahí se sigue haciendo presente la vida de la Congregación para seguir contemplando viviendo y anunciando el amor de Dios. Las palabras del Provincial también eran de agradecimiento a tantos hermanos que han pasado por la comunidad y a tantas personas que han estado presentes en ella compartiendo la fe y encontrando siempre a alguien que se ha preocupado por ellos. También por la atención a los necesitados a través de Llar Trobada o de programas de atención a personas sin hogar. Aurelio agradeció al cardenal Omella y a la diócesis de Barcelona por su presencia aquí hoy y siempre.

Dejamos de estar presentes en una ciudad muy secularizada, marchamos de una tierra de misión. Queda el Colegio, no lo olvidemos. Gracias de parte de los que hemos nacido y crecido aquí, de los que hemos recibido la gracia de entrar en la Congregación y seguir en ella, en un lugar u otro. A los Sagrados Corazones, honor y gloria.

 

Sagrados Corazones
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