«Escrache»

Columna «Sillita baja» de Dolores Aleixandre rscj en la revista 21 del mes de mayo.

Lejos de mí animar al escrache (ya saben, lo de presionar y acosar a políticos por el tema de los desahucios) porque algunas de sus formas de intimidación resultan muy violentas. Pero quiero rescatar uno de sus componentes, la insistencia, cuya eficacia está atestiguada por los personajes de algunas parábolas. Ahí está, sin ir más lejos, aquel tipo inoportuno que tocaba el timbre de la casa de su amigo a media noche, que no son horas, para pedirle tres barras de pan para un tercer amigo que, la verdad, podía haberse esperado un poco. La conclusión de la parábola es sorprendente: el acosado termina por levantarse y dárselas (quizá se las tiró por la ventana…), no por nobles motivos de amistad, sino sencillamente para que le dejara en paz (Cf.Lc 11, 9-10). ¿Y qué me dicen de aquel juez, perseguido por una viuda insistente y pesadísima y que, para quitársela de encima, decide atenderla y revisar su caso? (Cf.Lc 18,1-8). Según una lectura peculiar de Thomas Keating, esa viuda es clavadita a Dios: también Él nos persigue para que le hagamos “justicia” y entablemos con Él una relación que responda a su incomprensible amor.

De entre las imágenes que emplea el Apocalipsis para hablar del Resucitado (cinturón de oro en los lomos, llamas de fuego en sus ojos, estrellas en su mano…), la que prefiero con diferencia es la que le presenta practicando un mansísimo escrache: quieto ante la puerta de nuestra casa y llamando por si acaso queremos abrirle y compartir con Él nuestra cena.

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Redacción


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