Entrevista a Paco Egea Suárez ss.cc.

El 2 de junio celebraremos en la Parroquia Virgen del Camino de Málaga la profesión religiosa perpetua de nuestra hermano Paco Egea. Días previos a este acontecimiento hemos dialogado con él sobre este paso definitivo y otras cuestiones que nos aproximan a su manera de vivir y dar una respuesta al Señor en nuestra familia de los Sagrados Corazones. Le agradecemos la sinceridad y hondura de sus respuestas, también alguna interesante recomendación bibliográfica y cinematográfica que nos ofrece.

 “La profesión perpetua supone abandonarme definitivamente a las manos del Señor para que él haga lo que quiera”

 

1. Hermosa imagen la del barro en manos del Alfarero, la que utilizas en tu carta de petición a la profesión perpetua. Cuéntanos lo que supone la consagración definitiva en clave de arcilla que se deja modelar.

La del barro ha sido una imagen recurrente en mi proceso vocacional. Por eso en la profesión temporal escogí como primera lectura el pasaje de Jr 18, 1-6, que es al que hace referencia la carta. En esa escena el alfarero aparece como el Creador, en cuya mente existe un proyecto, antes incluso de tomar la arcilla que va a moldear. Todo lo que la arcilla llega a ser es mérito del artista, que con paciencia humedece el barro y le da forma. Lo único que se le exige a la arcilla es que no oponga resistencia endureciéndose. En este sentido la profesión perpetua supone abandonarme definitivamente a las manos del Señor, delante de la Congregación y la Iglesia, para que él haga lo que quiera. En realidad el gesto es similar al de la profesión temporal, pero digamos que ahora la arcilla tiene más conciencia de ser barro y, por tanto, de su dependencia con el alfarero.

2. Tu familia ha aportado un gran papel en tu vida y en tu vocación. Dirígeles alguna palabrita, que seguro que van a leer esta entrevista.

Me siento muy afortunado por el papel que mi familia ha jugado en mi fe y mi despertar vocacional, pues no siempre las familias de quienes optan por la vida religiosa reaccionan bien. Son muchas las escenas familiares que me hablan de Dios, incluso alguna más amarga, pues seguro que en ellas Él medió para que las cosas salieran adelante. Por eso inevitablemente me brota una palabra: ¡gracias! No solo por haber aceptado y apoyado mi vocación, sino porque el testimonio de fe de mis padres y hermanos contribuyó en su día, y aún hoy, a comprender que Dios tiene que estar verdaderamente presente en la vida del creyente.

3. Paco, ¿cómo surgió en ti la vocación a la vida religiosa?

La vida religiosa nunca apareció en mi vida como una opción hasta los veinte años. Aunque desde pequeño había estado en la parroquia, creo que a menudo había vivido mi fe más por inercia que desde una experiencia personal. Meses antes de irme a estudiar al extranjero comencé a cuidar un poco más mi fe y justo antes de partir un hermano, Poldo, que por entonces animaba la comunidad juvenil a la que yo pertenecía, me sugirió hacerme la pregunta clave: “Señor, ¿qué quieres de mi?”. A la vista está que la pregunta caló en mí profundamente, aunque eso no significa que en aquel momento me plantease entrar en la Congregación. Ahora bien, logró ponerme en camino, haciendo que en lugar de llevar yo las riendas de mi vida, se las cediese de buen grado al Señor. A partir de ahí, la oración y el compromiso en la parroquia fueron dando forma al incipiente deseo de servir a los demás y de que Dios se convirtiese en el centro.

4. Resáltanos algunos elementos que consideres significativos en tu proceso como religioso desde 2006, año en que profesaste temporalmente, hasta la actualidad.

De los tres primeros años, que es el tiempo que transcurre desde la profesión hasta la primera renovación, destacaría el acompañamiento. Gracias a él fui aprendiendo a ver el modo en que Dios se hace presente en la vida, incluso cuando uno se despista y se aleja más de la cuenta, dando consistencia a la convicción de fe de que Él nos ama y nos busca siempre. En los dos años que luego estuve en Sevilla creo que el Colegio San José fue para mí una escuela donde aprender en qué consiste nuestra misión como religiosos. Por último en este curso, siento que voy profundizando en la devoción a los Sagrados Corazones, en cuyas actitudes trato de fijarme y a quienes presento mis alegrías y mis preocupaciones diarias. Pero estas son solo tres experiencias escogidas sobre la marcha y, claro está, hay muchas más que me han ido configurando y que, en no pocas ocasiones, están asociadas a comunidades y personas que Dios ha ido poniendo en mi camino.

5. ¿Cómo es la Parroquia Virgen del Camino, a la que sirves en la actualidad?

Se trata de una parroquia sencilla y familiar. La mayoría de su gente se conoce entre sí, y eso contribuye al desarrollo de una identidad parroquial fuerte. Además, la realidad en la que se encuentra es bastante humilde, lo que nos lleva a tratar de responder de la mejor forma que podemos a las necesidades de la gente del barrio. El trabajo en Cáritas es intenso y toda la labor de catequesis, especialmente en PJV, pretende también ayudar a orientar y dar consistencia a las vidas de quienes participan en los grupos. Pensando en la parroquia recuerdo la frase del evangelio: “la mies es mucha y los obreros, pocos”. ¡Hay tanto por hacer que nos faltan manos y tiempo! Por fortuna hay muchas personas que viven su compromiso de fe en la parroquia y hacen que los proyectos puedan salgan a flote e incluso lleguen a buen puerto.

6. ¿Y el Colegio del Divino Pastor?

Es un colegio privado-concertado en donde imparto clases de religión y ética en secundaria. Además coordino la pastoral del colegio, que si bien no tiene carácter confesional, apuesta por la pastoral como una manera de cuidar la educación integral del alumno, a menudo indiferente a todo lo que tenga que ver con la fe. El profesorado es bastante joven y en su mayoría han sido alumnos del colegio, lo que favorece la identificación con un proyecto común. Actualmente el colegio se encuentra inmerso en un proceso de implantación de los sistemas de calidad de gestión para mejorar su oferta educativa, que ya de por sí es reconocida en toda la zona.

7. Llevas años trabajando pastoralmente con los jóvenes. ¿Qué destacarías de esta misión?

Que no es tan difícil como a menudo se piensa, que a veces es agotador y que siempre merece la pena. A pesar de los años no me considero ni mucho menos un especialista, pero voy descubriendo que para darles a conocer el amor de Dios, que es el objetivo de nuestro trabajo, es necesario quererles mucho. En realidad eso no es tan difícil; basta con mirar a la persona, escucharla y acordarse de ella en la oración. Sólo así uno soporta el cansancio o las frustraciones que de vez en cuando aparecen, sobre todo cuando los jóvenes no responden conforme a las expectativas que uno se crea. Ahora bien, siempre merece la pena y en ocasiones Dios te hace verlo muy claro en la propia voz de los jóvenes cuando les oyes reconocer que la fe es un regalo.

8. El cardenal Joao Braz de Aviz indicó, en la reciente 41ª Semana de Vida Religiosa, algunas transformaciones provocadas por el proceso de secularización de la sociedad y de privatización de la religión. ¿Cuáles crees que son, a tu juicio, los desafíos que se le presentan a la vida religiosa en la sociedad actual?

La vida religiosa siempre ha sido una voz profética dentro de la Iglesia, pero hoy en día quizás resulta más difícil. Es cierto que debemos tratar de ser creativos ante los nuevos desafíos, pero hay que reconocer que actualmente pocas cosas nos sorprenden, al tiempo que otras muchas atraen nuestra atención y anestesian el espíritu. Que la gente se fije en nosotros es clave para poder anunciar a los demás el evangelio. Esta importancia se acentúa ante la falta de vocaciones de la que tanto se habla. Por otra parte, creo que es importante llegar a infundir esperanza en aquellos que se muestran más escépticos con el futuro de la vida religiosa y que, a veces inconscientemente, se muestran desencantados con la vocación, la misión y el carisma de sus congregaciones.

9. ¿Cuáles consideras que serían las respuestas que la vida religiosa tendría que dar a esos desafíos?

Desde mi experiencia, que no se remite tanto a lo que yo he podido vivir sino sobre todo a lo que he visto en otros, creo que la vida religiosa debe permanecer fiel a Aquel que hizo surgir esta forma de vida y para eso podemos crecer en espiritualidad y experiencia de Dios. ¿De qué manera si no podemos trasmitir de forma creíble el mensaje que queremos hacer llegar a la gente de nuestro tiempo? Y unido a esto pienso que, siguiendo el ejemplo del Buen Padre, debemos experimentar un mayor celo misionero que nos conduzca a una entrega más radical y desmedida en nuestra labor apostólica.

10. En tu carta de petición hablas también de la alegría: “Esta alegría que infunde la Buena Noticia es la que ansío poder trasmitir a tantas personas a cuyo servicio Él quiera ponerme, tratando de ser un instrumento que contribuya a que otros aumenten también en fe, esperanza y caridad, siguiendo el ejemplo de tantos hermanos y hermanas que han formado parte de nuestra familia”. ¿Es la Iglesia transmisora de alegría en la actualidad?

Claro que sí. No sé hasta que punto logro trasmitir la alegría de la Buena Noticia con mi vida, pero soy testigo privilegiado de la trasmisión que muchos otros llevan a cabo. Cuando la Iglesia vive del encuentro con Cristo y está convencida de la verdad que encierra su mensaje, automáticamente trasmite dicha alegría. Por lo tanto, creo que no hay que cambiar el mensaje, sino vivirlo y aceptar que puede haber personas que lo rechacen. Por desgracia estos testimonios positivos no suelen aparecer en los medios y lo que nos llega es una imagen que no hace justicia al conjunto y que fácilmente asumimos, con resignación en el mejor de los casos, y que, en el peor, desemboca en una dura crítica que nos mueve a la destrucción en lugar de a la conversión.

11. Dicen los hermanos de Francia que hablas francés estupendamente. Seguro que habrá algunos libros en la lengua de Molière que te han inspirado. Indícanos alguno y por qué.

No tengo que pensármelo mucho. El Principito me ha parecido siempre una maravilla. Aprecio los libros que son capaces de narrar con un lenguaje sencillo grandes verdades, y además este, a pesar de haberlo he leído muchas veces, siempre me resulta distinto. Otro título que sin haberme inspirado sí que está entre mis favoritos es Madame Bovary. En este caso -totalmente diferente al anterior- lo que me gustó fue los diferentes modos en que su autor narra todo lo que acontece en el interior de los protagonistas. Supongo que haberlo estudiado con detenimiento en la universidad ayuda a valorarlo.

12. Aunque nos alargamos, no puedo dejar de pedirte que nos recomiendes alguna película, que nos llene de esperanza y de esa alegría a la que antes hacíamos referencia.

Se me viene a la cabeza una película de hace unos años llamada Big Fish que creo que provoca un efecto parecido. Se trata de la historia de reconciliación de un joven con su padre moribundo, que siempre ha poseído una asombrosa capacidad para proyectar una mirada diferente sobre la realidad. En el fondo es una historia que habla de la hermosura de la vida y la pasión por vivir, así como del modo en que trasmitimos aquello que nos colma de alegría. Las dos cosas tienen que ver mucho con el evangelio, así que si no la habéis visto espero que os guste.

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Fernando Cordero Morales ss.cc.


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