Entrevista a Pablo Bernal Rubio

En estos días de Semana Santa hemos dialogado con uno de nuestros novicios, Pablo Bernal Rubio, natural de Salamanca que está realizando su año de noviciado en la comunidad de San Marcos de Sevilla. Su frescura, espontaneidad y su opción por Jesús nos regalan en esta entrevista una hermosa aproximación a las motivaciones por las que un joven apuesta por la vida religiosa.

“El sentido de seguir a Jesús,

tan fácil como sumar 2+2”

1. ¿Se extraña mucho la gente de que un chico de hoy entre en la vida religiosa?

La verdad es que la reacción primera siempre es de sorpresa y extrañeza, sí. ¡La gente abre los ojos incluso más que cuando les decía que estudiaba Matemáticas!

Pero después de unos minutos de conversación, tras haber explicado un poquito cómo vivo mi fe y qué sentido tiene para mí la vida religiosa, la gente suele ser muy comprensiva. A algunos les cuesta más y a otros menos, pero al final todo el mundo sabe a lo que te refieres cuando le hablas de coherencia, de elegir la vida que te va a hacer feliz y de buscar algo que le dé sentido.

2. Dicen los sociólogos que estamos en un tiempo “líquido”, de gente blandita. ¿Cómo se combina esa “liquidez” con una opción sólida como es la de seguir a Jesús en la vida religiosa?

Yo las combino con cierta dificultad, lo confieso. Esa “liquidez” me lleva a volver la vista atrás continuamente y a pretender tenerlo todo bien controlado… ¡por miedo a equivocarme, dar un tropezón y que todo se desparrame!

Pero como decía antes, me impulsa el fuerte deseo de vivir una vida con sentido y, en mi experiencia, seguir a Jesús es lo que le da sentido. Así que, en realidad, es tan fácil como sumar 2+2: si tengo el deseo y tengo la dirección… Lo que quiero decir con esto es que no creo que mi opción tenga nada de heroico o de peculiar: hoy hay mucha gente que busca y se compromete con aquello a lo que se sienten llamados.

Por otro lado, es verdad que seguir a Jesús en la vida religiosa es una opción sólida y exigente, pero ¿acaso no lo es desde cualquier otro lado? ¿No es exigente y requiere compromiso sólido vivir como cristiano coherente en tu familia y en tu trabajo, o como sacerdote diocesano, o como misionero, o de tantas otras maneras?

3. Cuéntanos, ¿cómo conociste la Congregación de los Sagrados Corazones?

Yo vivía en Salamanca, con mi familia. Cuando tenía 16 años, una amiga me propuso participar como monitor en un campamento urbano (Canguro) que organizaban unas monjas en el barrio de al lado (Puente Ladrillo).

Aunque yo tenía “ganas teóricas” de ayudar a los demás, pasar el mes de julio con un grupo de niños gitanos se me hacía muy poco atractivo. No muy convencido, fui a hablar con “la monja”, que resultó ser la primera religiosa de la Congregación de los Sagrados Corazones que conocí, María Vidal. Con ella me comprometí vagamente a echar una mano de vez en cuando ese verano… pero el campamento, el equipo de monitores, y sobre todo los niños del barrio me conquistaron totalmente. Y no solo dediqué el verano entero a Canguro, sino que al año siguiente repetí, tan contento como el que más. Después de eso, empecé a comprometerme con las actividades que se hacían en Puente durante el curso: ludoteca, apoyo escolar, deporte…

Así, poquito a poco, fui conociendo a las hermanas que vivían en esa casa, a las prenovicias que por allí iban pasando, y después empecé a participar en las actividades que organiza la Congregación: alguna convivencia, algún campo de trabajo, la Pascua de Jerez… Fue en estos espacios donde conocí a hermanos y hermanas de otros sitios, y las primeras pinceladas de la Congregación de los Sagrados Corazones. Aunque lo de plantearme la vida religiosa todavía tardó algún tiempo en llegar.

4. Si tuvieras que hacer un anuncio sobre la Congregación: ¿qué guión realizarías?

Aunque no sea mío, me viene a la cabeza el lema “Gente con corazón”. Me parece apropiado, porque si tuviera que hacer un anuncio de la Congregación, más que un guión, pediría a algunos hermanos y hermanas que se dejaran grabar en su día a día: en su trabajo, rezando, haciendo la comida, hablando con alguna persona, ayudando a alguien que lo necesite o dando un paseo en comunidad…

Es ahí, en lo espontáneo del día a día donde yo he ido descubriendo que esta Congregación la forman hombres y mujeres que viven algo de manera especial, que tienen un estilo SS.CC. que les hace diferentes. Compartir su vida cotidiana es la mejor “propaganda” que se les puede hacer… ¡mejor que cualquier guión!

5. Una Congregación con un santo como San Damián, ¿qué le dice a un novicio del siglo XXI?

Algo así como “es posible”. A mí lo que más me impacta de Damián de Molokai no es su heroica entrega. Lo que Damián me dice es que se puede vivir un camino radical de entrega con plena felicidad, aunque este sembrado de dificultades y sufrimientos.

Esta paradoja no se la inventó San Damián, sino Jesús. Y a mí, ver que Damián de Molokai la actualiza y la encarna me demuestra que se puede, que es posible.

6. ¿Qué esperas de la vida religiosa y qué deseas ofrecer tú, cuando hagas la profesión?

Citando a Miguelito, uno de los amigos de Mafalda, mi único deseo es… ¡vivir! Es decir, me imagino viviendo como miembro de esta Congregación, haciendo camino con los hermanos, compartiendo el día a día. Eso es lo que deseo ofrecer a la vida religiosa: vivirla, concretarla con mis experiencias, mis aciertos y mis fallos… “Darle cuerpo”.

Y por eso, de la vida religiosa espero lo que me propone (sin trampa ni cartón): una forma de concretar mis ganas de seguir a Jesús, con las características que ya sabemos:

– Hacer vida junto con otros hermanos y no simplemente “compartir el mismo techo”, como si fuéramos “compañeros de piso”.

– Ir aprendiendo a amar de una forma muy concreta, que consiste en estar disponible para querer a todas las personas (concretas) que se me vayan poniendo delante, en lugar de “no querer a nadie” por aquello de “como no puedes casarte…”.

– Afinar el oído y estar atento a lo que Dios me va pidiendo en las necesidades del mundo, la Iglesia y los más necesitados, que es muy distinto del simple “hacer lo que me manden”.

– Estar tan libre como pueda de lo material, libre de acumular montones de dinero, de tener el último iPed o iPud de turno… Y esto, con la finalidad de estar más libre para concentrarme en lo importante y no reducirlo a “compartir mi sueldo con la comunidad”.

7. Esto de una Congregación de hermanos y hermanas es, sin duda, un signo, para la Iglesia, para el mundo. ¿Estás de acuerdo?

Sí, y de hecho es algo que también para mí fue significativo cuando conocí la Congregación. Hoy, cuando intento explicar de qué forma los hermanos y hermanas forman una única Congregación, a la gente le cuesta entenderlo, tanto a la gente de Iglesia como a la que no lo es. Para mí, esto pone de manifiesto lo importante que es que nuestra Congregación dé este testimonio. Si cuesta entenderlo es porque las personas no tienen muy claro de qué manera hombres y mujeres pueden crear fraternidad entre sí. E insisto, es importante que se enteren de esto tanto dentro como fuera de la Iglesia.

8. De las lecturas que estás haciendo últimamente, dinos algo que te haya calado profundamente.

Estos días estoy releyendo Cartas de Nicodemo, que es un libro que está a medio camino entre las “lecturas profundas”, que no pueden faltar en el noviciado y las novelas, que no pueden faltar en mi mesita de noche.

Para quien no lo conozca, este libro cuenta de forma muy bonita el encuentro de Nicodemo con Jesús de Nazaret. El estilo, los detalles, los datos históricos… todo está muy cuidado. Pero lo que me ha calado –en estos días de Semana Santa, con mayor razón- es ir acercándome al personaje de Jesús con los ojos de Nicodemo; dejar que Nicodemo me cuente de qué manera se siente querido por Jesús.

¡Una lectura que no se hace conocimiento, sino experiencia!

9. Cuando ves a hermanos ancianos, ¿qué te viene al pensamiento?

Se me cruzan los pensamientos… Por un lado, me asusta imaginar que pueda llegar el momento en que la Congregación esté tan envejecida, que no se pueda llevar a cabo su misión.

Pero entonces me viene a la cabeza que nuestra misión, al fin y al cabo, es amar… Y amar se puede con 18 y con 81 años (de hecho, probablemente se ame mejor con 81).

Muchas veces pienso también en todo lo que habrán vivido los hermanos que tengo delante. En sus historias, supongo que sembradas de grandezas y pequeñeces, en todo lo que habrán vivido como religiosos y en nombre de Jesús.

10. Alguna gente se pregunta si los curas y las monjas tienen un cierto humor. Después de este tiempo de noviciado, ¿qué responderías?

Tras más de año y medio viviendo (entre prenoviciado y noviciado) en Andalucía y con andaluces, ¡que nadie se atreva poner en duda el humor de curas y monjas!

Ya en serio, creo que quien se pregunta eso no va con buenas intenciones. Es como si me preguntan si los bomberos tienen sentido del humor. Yo le diría: “Pues, mire usted, habrá unos que sí, habrá otros que no”.

De todas formas, me mojo: afirmo sin ninguna duda que los curas y monjas que he ido conociendo en este tiempo tienen sentido del humor. ¡E incluso diría que está por encima de la media!

Avatar
Fernando Cordero Morales ss.cc.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies