Entrevista a Luis Manuel Álvarez

Dialogamos en esta ocasión con nuestro hermano Luis Manuel Álvarez ss.cc., superior de la comunidad de Lisboa. Él nos acerca la vida de los hermanos, de la comunidad y de la actividad parroquial en esta presencia congregacional de la Provincia Ibérica.

1. Misionero en Brasil, has trabajado en España y ahora en Portugal. Cuéntanos cómo surgió tu vocación.

Creo que el Señor me llamó desde pequeño, casi como a Samuel. Mi abuela me contaba cómo era ser misionero, mi vocación estuvo siempre envuelta en aires de aventura y riesgo por el Evangelio. Fui alumno del colegio de Martín de los Heros y allí oí hablar del seminario. Fui a Miranda, San Miguel, El Escorial…

2. ¿Cuántos años llevas en Portugal? ¿Qué te ha aportado personalmente vivir en este país?

 Llegué a Portugal en septiembre del 1999, o sea voy a cumplir 12 años por aquí. Portugal me ha aportado la necesidad de cambiarr todo mi esquema mental como pastor y como persona de Iglesia. Esto, quiero decir la Iglesia portuguesa, no tiene nada o muy poco que ver con Brasil.

3. ¿Cómo dirías que es la presencia de la Congregación en Portugal?

Es una presencia entre tozuda y superviviente. Tozuda porque hija de la perseverancia y de creer que nuestro carisma ss.cc. tiene algo que decir a esta Iglesia lusitana. Superviviente porque nuestra comunidad religiosa, los 6 hermanos que estamos en Portugal, somos herederos de una Región que ya conoció tiempos más gloriosos.

4. ¿Cuáles son las preocupaciones de los hermanos ss.cc. de Lisboa?

 Ser fieles a nuestra vocación misionera, contemplativa y fraterna. Dicho de otra forma, la preocupación de responder a lo que el Señor quiere de nosotros en nuestro servicio a la gente y en nuestra forma de vivir.

5. Indícanos tu punto de vista sobre las parroquias que lleva la Congregación en Portugal.

Las cuatro parroquias (suponiendo que Galinheiras lo fuera) tienen diferente índole, historia, etc. Pero convergen en que son periféricas, de gente trabajadora, inmigrante y pobre, creyente y devotas de Nuestra Señora de Fátima. El trabajo por aquí es todavía bastante sacramental (bautizos, misas, funerales…), aunque insistimos en la formación de laicos y en el servicio de la Palabra.

6. ¿Tenéis planteados algunos proyectos de cara al futuro?

Nos planteamos permanentemente el sentido de lo que hacemos y vivimos. Nuestro proyecto es apostar por la formación bíblica de la gente y crear grupos o pequeñas comunidades que puedan tener piernas propias para andar por sí mismas. A largo plazo, claro. Confieso que a corto plazo andamos agobiados por la demanda sacramental de la gente. Nuestro proyecto es relanzar la Pastoral Juvenil y Vocacional Sagrados Corazones. El término “relanzar” obedece a que ya hubo. Se trata de recoger una pista perdida con nuevos elementos, inspirados en lo que se hace en España pero, indudablemente, con estilo lusitano.

7. Dinos alguna palabra sobre la comunidad laical ss.cc. de Lisboa.

Está creciendo lentamente, son 7 mujeres ligadas a la Catequesis de Catujal. El grupo se reúne los martes por la tarde, cada quince días. Ellas participan en todos los eventos de Congregación (Buena Madre, Buen Padre, Damián, Sagrado Corazón, etc.) y conocen bien el carisma. Se echa de menos la presencia de familias, parejas con niños, como en otros sitios. Se lo he planteado y no será por falta de convocaciones. En fin. La única participante de otra parroquia raramente aparece en las reuniones, por razones de distancia y enfermedad. Hay ilusión por formarse y por conocer más de cerca la realidad de la Congregación. Lo cual no siempre es fácil por diferentes razones, de idioma, cultura, y recursos para viajar. Les hemos ayudado a participar en encuentros ss.cc. en España.

8. ¿Hacia dónde va la vida religiosa del futuro?

Creo que los tiros apuntan para más vida en común aunque siempre habrá esa tensión entre comunidad y acción apostólica ligada a la diócesis o a algún movimiento… La vida religiosa, me parece, tendrá cada vez más que verse a sí misma como algo contracultural y, por lo tanto, más de carisma que de institución, más de Pentecostés que de esquemas organizados. Damián, nuestro santo, vivió en una soledad espantosa en lo que se refiere a comunidad pero consiguió superar la soledad pidiendo la presencia de hermanos y en la acción misionera. Y, sobre todo, en su relación con el Señor. Cada vez más la vida religiosa va a verse a sí misma al pie del sagrario, como fuente de sentido.

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Fernando Cordero ss.cc.


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