Entrevista a Javier Álvarez-Ossorio ss.cc.

Javier Álvarez-Ossorio ss.cc. ha estado en Chile recientemente para dirigir el retiro anual de los hermanos de esta Provincia. Allí han aprovechado para hacerle esta entrevista, a pocos días de la celebración del Capítulo General en Roma.

Entre el 15 y 22 de julio de 2012 visitó la provincia chilena de los Sagrados Corazones (SS.CC.) el español Javier Álvarez-Ossorio. A los 49 años, a un mes de cumplir 50, está a punto a terminar su período de seis años como superior general de la congregación, cargo que deja a disposición en el próximo capitulo general de los SS.CC.

Su semana en nuestro país tenía como objetivo animar y acompañar el retiro de invierno de la provincia de Chile, que en esta oportunidad se efectuó en la casa de ejercicios espirituales del santuario de Auco dedicado a Santa Teresita de los Andes. El sábado 21, ya terminando el retiro, tuvimos oportunidad de conversar con él antes de partir a la provincia de Brasil donde prestaría el mismo servicio de animación.

Padre Javier,¿cómo se ha sentido esta semana animado el retiro de invierno de la provincia chilena de los SS.CC.?


Muy bien. Una “gozada”. Muy buen ambiente, muy bien recibido, muy bien escuchado. Muy a gusto, la verdad.


¿Cuál fue el gran tema de este retiro?


El tema de fondo fue el ministerio ordenado. Cómo vivirlo como religiosos SS.CC. Pero bueno, siendo un retiro, era un tema que estaba como en lo profundo, porque un retiro no es para estudiar, digamos, académicamente un tema. Entonces, di alguna referencia a este aspecto, pero sobre todo una invitación a orar y estar un tiempo con el Señor.

GOBIERNO GENERAL SS.CC.

Padre Javier, usted está finalizando su período de seis años, ¿qué balance podría hacer de esta gestión: lo más logrado, lo menos logrado?


Es difícil evaluar… Diría que son seis años de conocimiento intenso de la congregación. Lo más trabajado ha sido la comunión en la congregación, la relación entre unos y otros, el sentirnos un solo cuerpo, el intentar abordar temas que a lo mejor a veces resultan difíciles de afrontar, pero hacerlo con claridad, nombrar las cosas como son, sin miedo, y al mismo tiempo hacer crecer el aprecio entre unos y otros. Creo que ese ha sido el gran trabajo de mi gobierno.
Lo menos logrado sería la misión, en el sentido de si somos capaces como congregación de ver tareas que deberíamos afrontar a partir de lo que somos, de nuestro carisma, de nuestra especificidad en la Iglesia. Eso todavía no lo tenemos muy formulado y será el tema del capítulo general.


Falta algo con la misión…


Claro. ¿Qué aporte hacemos nosotros como religiosos SS.CC. a la gran misión de la congregación que es anunciar el evangelio de Jesús?


Padre Javier, sin entrar en casos particulares, ¿qué tipo de situaciones lo han enfadado más?

¡Hombre! Lo que más desanima es cuando entre los hermanos la comunión se hace difícil. Es decir, no nos aceptamos unos a otros, nos miramos con recelo, nos ponemos etiquetas, nos descalificamos, y a partir de eso nos negamos rotundamente a hacer cosas juntos. Eso muchas veces choca, desanima. Muchas veces se comprende por recelos nacionalistas, porque somos demasiado normales, como todo el mundo que planta barreras ante los demás. Pero uno se esperaría del religioso consagrado al amor de Dios, pues quizás una mayor apertura al hermano. Eso ocurre a veces, entonces eso frena y complica.


Si el capítulo general ya próximo lo postulara a la reelección por otros seis años, ¿aceptaría?

Voy a intentar convencer a mis hermanos de que elijan a otro, porque esto no es lo que uno elegiría. La verdad es que no. Ahora, siempre he dicho, lo tengo que aplicar a mí primero, que hay que aceptar por obediencia lo que la comunidad te pida a través de los hermanos. O sea, si hay una elección y después de haber hablado, discutido y presentado argumentos los hermanos te piden un servicio, uno no puede decir que no.


O sea, ¿usted aceptaría?
Sí.

LA MISIÓN SS.CC.
Padre Javier, ya dijo algo sobre la misión y entiendo que la reflexión del próximo capítulo general estará centrada justamente en esta dimensión de la congregación, ¿por qué este tema? ¿qué hace que surja?


Por dos aspectos. Primero, este es un tema que en la Iglesia y congregaciones está muy patente. Hace poco ha habido un sínodo sobre la nueva evangelización; o sea, el tema de para qué está la Iglesia en el mundo en general y para qué está la vida religiosa y cada congregación son cuestionamientos muy presentes.
Lo segundo, es que respecto a nosotros tenemos conciencia de que llevamos mucho tiempo quizás, o muchos capítulos, meditando y reflexionando sobre cosas internas de la congregación: nuestra implantación en lugares nuevos, nuestra formación inicial y permanente, el cuidado de los mayores, la restructuración interna; mucha cosa interna de la economía, la solidaridad; que son cosas necesarias y que hay atender, pero todo eso tiene un por qué. Y el por qué un para qué… Y bueno, ahí estamos, para eso, para la misión, para servir. Entonces, quisiéramos plantearnos ese tema específicamente.

¿Y cuál es el sentido del lema elegido para el capítulo general: “Buena es la sal…”? He escuchado algunas bromas por ahí…


¡Que sube la presión! Bueno, a lo mejor para espabilarse no estaría mal…
Es un dicho de Jesús. En el fondo ya sabemos: si la sal se vuelve sosa para qué sirve. Entonces, es una interpelación. Si nosotros perdemos un sabor propio, carismático de los SS.CC., para qué estamos sirviendo en la Iglesia. Y después Jesús nos invita y nos dice tengan sal entre ustedes mismos y vivan en paz.
Creo que este lema aúna dos dimensiones. Primero, nuestra comunión interna como congregación, pero también nuestro sabor carismático para ser útiles a los demás. Porque la sal tiene que ser útil; es una manera de abordar la misión, el servicio, el ser útil, el dar sabor, pero al mismo tiempo cuestionándonos cómo somos y quiénes somos. O sea, ser útiles a los demás a partir de una vida que tenga un sabor de evangelio propio de los SS.CC. Todas esas dimensiones las ponemos juntas en ese lema.

 

CRISIS DE LA IGLESIA
Padre Javier, se suele escuchar que al interior de una Iglesia en crisis la vida religiosa también está en crisis. Si está de acuerdo con esta afirmación, ¿cuáles serían las características de este momento crítico de la vida religiosa?


Crisis, sí. Pero creo que en crisis se está siempre. Los críticos de la vida religiosa dicen: disminuimos en número, puede ser y es verdad, es un hecho objetivo, pero la crisis sería justamente esta pregunta sobre la misión. Es decir, qué ofrece la vida religiosa al que entra en ella como itinerario para vivir la fe y evangelio, para vivir una auténtica experiencia de Dios toda su vida, y cómo eso se convierte en fecundidad y en servicio para otro. Esa gran pregunta hace crisis, porque quizás se han abandonado modelos antiguos de vida religiosa y no se han encontrado nuevos.


Y esto afecta a la misma congregación…


Claro, y uno se pregunta qué hago yo aquí. Entonces, necesitamos una respuesta en conjunto. Ahora, no me detendría mucho sobre tanto discurso que hay sobre la identidad de la vida religiosa, sobre quiénes somos, tanto preguntarnos sobre nosotros de nuevo, se vuelve a poner la mirada sobre nuestro ombligo. Creo que eso no nos ayuda, no nos hace bien. El precisamente mirar qué podemos ofrecer nosotros como religiosos a la misión de la Iglesia, el tema de la misión, nos puede sanar y hacer mucho bien.


Se afirma, también, que la Iglesia debe “volver a Jesús”, volver al Evangelio. ¿Qué comentario le merece esta aseveración?


Esa es siempre la tarea de la Iglesia: Jesús. A veces decimos que hay muchas críticas a la Iglesia, pero la crítica más radical a la Iglesia es Jesús mismo. O sea, la tenemos dentro y bien dentro. Jesús es el que nos tira de las orejas y nos dice: “señores vuelvan a mí”. Lo bueno de Jesús es que la crítica fuerte y radical que él nos hace la hace de una manera muy amorosa. Él nos saca de nuestra casillas, de nuestros horizontes, de las cosas en que estamos instalados, pero lo hace como con Pedro, preguntándole, pero, bueno, “tú me amas, me quieres de verdad… ¡Ven conmigo!”. Es Jesús el que tiene que remozar y rejuvenecer siempre su Iglesia y fijos los ojos en Él, como decimos, es como podremos renacer y superar crisis, túneles y oscuridades.

RELIGIOSO SS.CC.
Padre Javier, un religioso SS.CC. que es sacerdote, ¿qué aporte específico debería aportar a la manera de vivir el ministerio ordenado en la Iglesia?


Ese era uno de los temas de fondo de este retiro, y creo que tenemos algo que aportar modestamente. Hay muchas maneras de ser presbítero y ministro en la Iglesia. Creo que un riesgo en la Iglesia seria querer uniformizarlo todo y reproducir a la gente con fotocopiadora.
Ser religiosos SS.CC. aporta un acento en la sencillez, en la fraternidad, en la misericordia de Dios, en lo comunitario, en no sentirte demasiado maestro, sino más bien compañero de otros. Todos esos acentos configuran una manera específica, con un sabor especial de ser ministro.


Y dentro de todos los acentos que menciona ¿podría señalar tres o cuatro que un religioso SS.CC. no podría descuidar a fin de no poner en riesgo su vocación propia?


El acento en la misericordia de Dios, la fraternidad vivida con los hermanos de congregación y con las comunidades cristianas, y el ser un poco itinerante, desinstalado, no volverse un funcionario eclesiástico, sino ir; estar constantemente en esa actitud de ir hacia donde se encuentran los más necesitados. Eso te desinstala y te saca de ciertas estructuras.

PROVINCIA CHILENA SS.CC.
¿Qué responsabilidad le asigna usted a la provincia chilena SS.CC. en el conjunto de la congregación?


Tiene la responsabilidad, primera, de la misión de la congregación aquí en Chile y Argentina. O sea, hacerlo aquí bien, lo mejor posible. Tiene una responsabilidad dentro de América Latina, ya que está integrada con las otras comunidades SS.CC. de la región y presta un servicio muy específico en la formación inicial de los jóvenes que se introducen a la vida religiosa en toda América Latina. En tercer lugar, le asignaría una responsabilidad que se está planteando cada vez más, y ellos mismos quieren responder a ella, respecto a lugares con necesidades en la congregación de otras culturas. Nosotros estamos muy interesados de crear puentes dentro de la congregación entre continentes, entre culturas, entre, por ejemplo, África y Asia. Ahí hay una responsabilidad también que la provincia de Chile siendo grande dentro de lo que son las provincias de nuestra congregación, y estando bien asentada y con una rica tradición de fe, tiene una responsabilidad también hacia esos lugares. Entonces, aquí en Chile, en América Latina y… hay que lanzarse hacia África y Asia también.


Se pueden dar pasos hacia allá…


Sí, sí. Creo que se van a dar pronto.

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Redacción


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