«Entre sonrisas y lágrimas», eucaristía de despedida en El Encinar Joaquín Garre ss.cc.

El domingo 29 de agosto el sol brillaba, pero el ambiente se movía entre gris y luminoso. Gris por la tristeza de tantos, los de Congregación y los del pueblo, que saben que se cierra un capítulo en la vida. Pero luminoso porque la convivencia de la Congregación con este querido pueblo y con Cáritas Salamanca ha dado mucho fruto, ha generado esperanza, ha brotado amistad, ha habido enriquecimiento mutuo. La Congregación (los hermanos) desaparecen de Salamanca, pero no es una salida triste, es una salida que deja frutos de amor.

Al llegar al Encinar, Enrique Losada, Damiano y Luis ya tenían todo recogido. Una cierta nostalgia recorre el corazón al ver todos los pisos vacíos. Al día siguiente, el domingo, nos dirigíamos a la parroquia cuando aparecieron los hermanos jóvenes que hicieron allí su noviciado: Ignacio, Alberto, Juan de Dios y Tomás, junto con Aurelio, así que los cristianos se sorprendieron gratamente ante la presencia de tanta gente querida. Por supuesto que el coro, viéndose reforzado, cantó con mayor ilusión. La Iglesia casi al completo, rallando el protocolo Covid. Aurelio, presidiendo, explicó de manera resumida, esta historia de 21 años, que, podemos decir, comenzó antes: Barbadillo fue la que abrió camino. Desde los inicios en Barbadillo contamos una historia de 28 años.

En la Eucaristía están presentes los cristianos habituales, un profesor del colegio Rafael Alberti, muy querido, Antonio, que ha estado al borde de la muerte, hoy ya recuperado. Igualmente, Virginia, de Cáritas Salamanca, que tantos desvelos ha vivido en la parroquia y el barrio y, como no; la “Guardia Suiza”; esas chicas que han acompañado todos estos años a los novicios, guardando la puerta de casa como una auténtica Guardia. Los catequistas, el coro, los amigos de siempre, de cada domingo, los “fijos”, de los Cisnes, del Encinar, la madre de Pablo Bernal hoy miembro de la Rama Secular… Pero otras personas han participado también; me refiero a no creyentes confesos, que, por la fuerza de la presencia, por la simpatía de los hermanos o por la Gracia del Espíritu Santo se sienten en sintonía con los hermanos, y nunca sabremos si algo de su fe se ha despertado; es el caso de Javier Bueno.

En fin, tanta gente querida a la que una vez más, tal vez a muchos por última vez, hemos podido dar un abrazo, asegurando que la amistad queda, aunque no vayamos a vernos tan frecuentemente. Como afirmó Aurelio; donde haya una casa de los Sagrados Corazones, allí tenéis vuestra casa.

Y eso fue todo, abrazos, despedidas, lágrimas, fotos, agradecimientos mutuos, un hasta siempre y… un convencimiento de que Jesús está entre nosotros. El causante de todo esto, el que nos llevó hasta allí es el mismo Maestro de Galilea. Como Congregación, como comunidad, dejamos el “buen olor de Cristo”; tal vez… esa era la misión.

Sagrados Corazones
Sagrados Corazones
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