Entre el «yo» y el «nosotros»

Comentario a la liturgia dominical a cargo de Fernando León ss.cc.

En este domingo, uno de los temas centrales de la Liturgia de la Palabra es la comunicación con Dios, el diálogo con Aquel que no vemos pero al que sentimos y en el que creemos. A ese diálogo lo llamamos oración, y no siempre sabemos cómo hacerla, no sabemos si está bien o mal, si se nos está escuchando o no.

En el Génesis, Abraham se atreve a hablarle a Dios y medio “provocarlo” para que no destruya la ciudad y todo su pecado. Abraham es osado e insistente, busca salvar a los justos, buscar rescatar todo lo bueno que puede haber en ese lugar. Por lo tanto el corazón de Abraham no está puesto en sus propias necesidades o en una satisfacción egoísta sino que lo tiene puesto en los demás y por eso es tan insistente. Incluso llega a presentarse ante Dios humildemente sin exigir tratos especiales, “no soy más que polvo y ceniza”.

He ahí una primera pista para comunicarse con Dios, acercarnos con la confianza que seremos oídos y con el corazón puesto en el bien.

Pero, aunque somos polvo y ceniza, ¿por qué podemos hablarle a Dios? Porque el propio Dios clavó todo nuestro pecado, todas nuestras deudas en la Cruz de Cristo, como nos lo recuerda Pablo en su carta a los Colosenses. Por eso somos santos y podemos hablar con el Santo por excelencia, ya que Jesús dio su vida para que seamos capaces de Dios. Otra pista para nuestra oración y la de toda la comunidad, renovar nuestro bautismo, nuestra santidad, que todo lo malo ya murió en Jesús y que hemos renacidos para el bien, para el amor.

En el Evangelio, el Señor nos enseña el Padre nuestro, todas las peticiones están en “nosotros”, es una oración comunitaria, y aún cuando la rezo a solas, llevo a toda la comunidad en mis palabras. Nuestra oración será siempre colectiva ya que formamos parte de un solo cuerpo, que es la Iglesia y que es el Cuerpo de Cristo.

De allí la importancia de la sentencia final de Jesús, en la que nos invita a pedir el don del Espíritu Santo, ya que todo don otorgado por Él, es para el bien de todo el Cuerpo.

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Redacción


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