Encuentro de animadores de PJV ibéricos

Entre los días 9 y 11 de marzo, unas 80 personas que gastan ganas, esfuerzo y fe en transmitir quién es Jesús, se reunieron junto al Monasterio de El Escorial (más maravilloso aún si lo explica el P. Poldo SS.CC.) para construir un edificio de formación y experiencias, en la Residencia Sagrados Corazones de S. Lorenzo de El Escorial (Madrid).

Cuatro pilares tenía la nave central de nuestro trabajo en este fin de semana: conocer la realidad pastoral de la provincia, reflexionar sobre nuestra labor de catequistas, formarnos para prestar un mejor servicio, y compartir estas experiencias con otros que, como nosotros, se han sentido llamados a trabajar así por el Reino.

Poco a poco fue creciendo el edificio, primero con palabras de aliento del Padre Provincial y el Coordinador de la PJV de la Provincia Ibérica. Después, con la compañía de Willy Fog, conociendo los recursos pastorales de los que disponemos en esta nueva Provincia Ibérica.

Los planos definitivos nos lo presentaron dos magníficos arquitectos: Pablo Márquez SS.CC. y Paco Egea SS.CC.; que nos mostraron el Itinerario de PJV, lo que hará que todos trabajemos en la construcción de un mismo edificio. Los albañiles se pusieron al tajo, y descubrieron que su labor es sólo la de acompañar hacia Dios, presentarlo, evitando la tentación de mostrarse ellos mismos como líderes a seguir.

Maestros de obra en PJV (Yolanda SS.CC., Fernando Bueno SS.CC. y Sandra, catequista del Paraíso) nos pusieron en situación y nos dieron pautas para servir mejor a la construcción de este maravilloso edificio.

Los canteros hicieron maravillas con la formación, trabajando divididos en 5 talleres: Sacramentos, Acompañamiento, Convocatoria, Voluntariado y Oración. ¡Qué importantes son los cimientos cuando la obra es tan grande!

Pero son los escultores y los artistas orfebres los que de verdad dan ese toque especial al edificio. Éstos sólo tienen un maestro: Cristo; y sólo dos técnicas infalibles: Eucaristía y Adoración Orante.

Finalmente un edificio construido, precioso… pero vacío. Hemos de llenarlo nosotros con nuestros jóvenes, con nuestras experiencias, y sobre todo con nuestra fe.

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Antonio Cornejo de Haro


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