El nuevo Picpus

La Casa Madre de Picpus ha tenido una transformación en estos últimos meses. Jeanne Cadiou ss.cc., Superiora Provincial de Francia-Quebec, nos lo cuenta en este artículo, que ha sido traducido del original en francés por Osvaldo Aparicio ss.cc.

Para que el enclave Picpus adquiriera un nuevo aspecto este comienzo de curso, se ha necesitado tiempo, reflexión, energía y flexibilidad. Para comprender la génesis de este proyecto que acaba de tomar forma, hay que remontarse a enero 2010. En un encuentro de una veintena de Hermanas de los Sagrados Corazones de la provincia Francia-Quebec se decidió nombrar un equipo encargado de elaborar un proyecto global sobre el futuro de Picpus.

El trabajo ha sido grande y ha ocupado mucho tiempo en la agenda de seis Hermanas desde marzo a junio 2010, a razón de una intensa mañana de búsqueda cada quince días, más los “deberes” a realizar en casa. En este caminar nos ha acompañado un perito muy competente, exigente y con mucha capacidad de escucha.

Tras treinta y dos horas de encuentros, se eligieron dos posibilidades, que fueron presentadas después a la asamblea provincial de las Hermanas, reunidas en Picpus.

Presento a grandes rasgos los pasos dados. Era necesario ponerse sin tardar manos a la obra y emprender gestiones de envergadura. Si el desalojo y arreglo de la comunidad de las Hermanas requería entrar en contacto con arquitectos y contratistas para planificar las obras, también era preciso gestionar la creación de una asociación para la Residencia de Estudiantes.

Pronto me puse en comunicación con Monsieur de Feydeau, ecónomo de la diócesis de París, en puertas ya de jubilación. En nuestro encuentro surgió una nueva idea. Iba yo con la intención de pedirle consejo para la creación de la asociación que gestionara la Residencia y Monsieur de Feydeau me respondió con una necesidad que tenía la diócesis de París de dejar la Casa San Agustín. Esta Casa funcionaba desde hace veinticinco años y está destinada a jóvenes entre 20 y 35 años, que desean hacer un año de discernimiento vocacional antes de ingresar en el Seminario.

Como consecuencia de este encuentro me puse en contacto a lo largo del verano 2010 con varias personas del arzobispado, en especial con el P. Longeaux, superior de la Casa San Agustín.

Contando con el apoyo del Gobierno General decidimos seguir adelante, aunque el proyecto no fuera exactamente el que se había previsto en la asamblea de junio. Además, esta nueva orientación daba respuesta a algunos de nuestros planteamientos.

Seguir adelante con el proyecto exigía no pocas precisiones, muchas visitas de nuestros locales por parte de nuestros interlocutores, la elaboración de un contrato, el definir responsabilidades, etc.

A finales de diciembre estaban ya concretadas las condiciones y firmado el contrato: los candidatos del año propedéutico de la Casa de San Agustín comenzarían el curso 2011-2012 en los locales del nº 37 de la calle Picpus de París.

El edificio fue completamente vaciado de todo lo que pertenecía a la comunidad de las Hermanas y amueblado después con el material traído de la Casa San Agustín. Los jóvenes llegaron el 23 de septiembre.

La nueva actividad de Picpus la vemos en la línea de las grandes intuiciones de nuestro Fundador que, en los comienzos de la Congregación, abrió centros para la formación de seminaristas.

El nuevo Picpus seguirá conservando su dimensión pastoral de jóvenes con la Residencia, llevada por las Hermanas y que cuenta con veinticuatro habitaciones, por cierto todas ya ocupadas. A las jóvenes residentes se les invita a “formar una familia a partir de su procedencia diversa, de su nivel de formación, de sus centros de interés y culturas”.

Respecto a la juventud, Picpus continúa acogiendo las actividades del Reseau (red) Picpus, lo que nos brinda conciertos semanales gratuitos y participación en la liturgia, y nos da la ocasión de ser testigos privilegiados de la vida y de la fe que animan a los doscientos miembros del Reseau Picpus.

Las comunidades de religiosas y religiosos continúan en Picpus. Las Hermanas ocupan el Hotel Bigot (casa originaria de la Congregación en París) y sus anejos, en gran parte renovados y rehabilitados a lo largo del curso pasado. Las dos comunidades han sufrido cambios de personal como consecuencia del reajuste de servicios y tareas pastorales.

Una de las actividades como es la acogida de grupos parroquiales de catequesis, de catecumenado o de formación, se ha visto reducida; pero continuará en casos concretos ya que el jardín, en especial, se presta a este estilo de actividades.

Aunque la capacidad de acogida haya disminuido, una cosa, sin embargo, hay que tener por segura: seguimos siendo un lugar privilegiado para recibir a Hermanos y Hermanas provenientes de cualquier rincón de la tierra. Picpus, desde sus orígenes, tiene vocación hospitalaria y seguirá siendo fiel a ella.

El compromiso humano y eclesial es importante para la Congregación y para la Iglesia de París. Toda esta familia picpuciana en sentido amplio está llamada a una hermosa colaboración y a una cohabitación fraterna de calidad.

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Redacción


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