El «monte» de la Transfiguración

Comentario al Evangelio del segundo domingo de cuaresma a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

“Caminar con Jesús”, que va delante abriendo horizontes de vida, es la aventura del cristiano.

En el camino cuaresmal hemos encontrado a Jesús en el desierto. Tentado, puesto a prueba, luchando y venciendo. El desierto, donde se sufre la intemperie, pero también donde Dios habla al corazón: primer domingo de cuaresma. Segundo domingo y segundo escenario: el monte.

Jesús anuncia la Buena Noticia del reino de Dios en sus gestos de curación, de acogida y de perdón. Ha recorrido ya un buen tramo de su vida: ni su mensaje ni su persona son aceptados. ¿Qué hacer? ¿Cambiar de rumbo?

Moisés sube al monte Sinaí. La presencia de Dios le envuelve y transfigura: su rostro resplandece e irradia la luz de Dios. Elías camina cuarenta días y cuarenta noches subiendo al monte Horeb, el monte de Dios. Allí siente el “paso” de Dios en la brisa suave. Le ha cambiado la vida.

Jesús sube al monte Tabor. Sube a orar. En el encuentro con Dios, sus vestidos, su rostro, su persona, su vida entera se transfiguran, deslumbran y emocionan: ¡Qué bien se está aquí!

Jesús sube al Calvario, el Tabor genuino, el Sinaí, el Horeb, el monte de la verdadera transfiguración. Mirando a Jesús en la cruz, contemplando con fe y emoción la herida abierta de su costado, todo cambia de color.

Su forma de acoger y curar, su predicación, su vida sencilla, pobre y servicial de buen samaritano, su oración … La vida entera de Jesús, de comienzo a fin, es la Luz de Dios en nuestro mundo.

Todos necesitamos momentos de tabor. La oración, para Jesús y para nosotros, es uno de esos momentos en que se transfigura la mirada y, sobre todo, el corazón. Abrazar al leproso como Francisco de Asís o Damián de Molokai, o a los moribundos de las calles de Calcuta como la Madre Teresa, acerca la Luz de Dios al corazón de la vida. ¿En qué gestos de amor sientes nacer la luz de Dios en tu corazón?

“Escuchadle”: escuchando a Jesús y siguiéndole, entraremos en un proceso de transfiguración que da pleno sentido a la vida. Nosotros ya sabemos por la fe qué quería decir aquello de “resucitar de entre los muertos”.

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Redacción


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