El día que Dios se fue de viaje

Paco Egea ss.cc. comenta mensualmente una película de interés en el boletín «Coudrette» de las hermanas de España. En el mes de mayo ha recomendado «El día que Dios se fue de viaje».

Hace unos años una película llamada Hotel Ruanda rescató del olvido el conflicto que tuvo lugar en aquel país a mediados de los noventa y que desembocó en un genocidio que acabó con la vida de un diez por ciento de la población. El día que Dios se fue de viaje vuelve la vista sobre el mismo suceso para mostrar con detalle lo que Hotel Ruanda insinuó, a pesar de ser más explícita en las imágenes violentas.

Para eso, el guión renuncia a presentar el conflicto y muestra el genocidio a partir del drama que vive una sola mujer tutsi, Jacqueline, que logra esconderse en una buhardilla el día en que comienza la matanza. A partir de ese momento la cámara no se separará de ella, que huirá al bosque y se debatirá entre rendirse a una muerte que parece ineludible y la lucha por la supervivencia.

Sin artificios narrativos ni sentimentalismos, la película puede resultar incómoda por su dureza, que no estriba en la violencia explícita ni en las palabras, sino en las miradas y en los silencios. Ciertamente la mirada de Jacqueline incomoda a medida que avanza la película y pasa de estar cubierta de esas lágrimas que reflejan un profundo dolor, pero que en el fondo cabe esperar; hasta tornarse en una mirada perdida en el vacío, reflejo de una existencia a la deriva en medio de un mal que escapa al entendimiento.

Acompaña a esta mirada el silencio, sólo interrumpido por los sonidos del bosque, el ruido de los disparos y algunos breves diálogos, pero no de Jacqueline, que deja de hablar en el momento en que comienza la masacre. Se trata del silencio de Dios, al que hace referencia el título de la película, y sobre el que tanto se ha escrito en los últimos sesenta años en lo que se ha denominado la “teología después de Auschwitz”. ¿Por qué calla Dios ante el poder destructivo del hombre y la voluntad de aniquilar la vida humana? ¿Dónde está Dios en medio del mal?

En la escena en que Jacqueline está tumbada en el suelo y la cámara capta su rostro con la cruz que lleva habitualmente al cuello puesta en la frente parece que se estuviese preguntando esto mismo. Posteriormente, en un gesto de desesperación, tirará la cadena. Pero ¿puede el ser humano sobrevivir al mal sin Dios?

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