Día del Padre Eustaquio Sagrados Corazones

Hoy, 30 de agosto, se cumplen 77 años de la muerte del Beato Eustaquio van Lieshout, ss.cc., que tuvo lugar en Belo Horizonte, Brasil, en 1943. Él mismo se había reconocido como “misionero de la salud y de la paz para los enfermos y los pecadores”.

Nació en Holanda en 1890 y, queriendo seguir el ejemplo del Padre Damián, entró en la Congregación de los Sagrados Corazones, donde profesó en 1915 y fue ordenado sacerdote en 1919. Estuvo unos años ejerciendo el ministerio en su propio país y en 1925 fue elegido para las misiones en América Latina. Con ese fin estuvo, con otros hermanos, estudiando español en Miranda de Ebro (Burgos), aunque finalmente fueron destinados a Brasil, donde se habla Portugués.

En Brasil vivió y trabajó en distintos lugares: Agua Suja, Poá, Patrocinio, Belo Horizonte. Siempre mostró una gran cercanía y sensibilidad hacia los enfermos, los pobres y los pecadores. Muy pronto adquirió fama de taumaturgo y mucha gente acudía a donde él estaba, no solo en busca de salud física, sino también de consuelo y perdón.

Con 52 años, enfermó a consecuencia de la infección provocada por la picadura de una garrapata y falleció, adquiriendo muy pronto fama de santidad. El 15 de junio de 2006 fue beatificado. Su sepultura en Belo Horizonte sigue siendo lugar de peregrinación para muchos que buscan la salud en el cuerpo y en el espíritu.

En este tiempo de pandemia, pedimos al Beato Eustaquio que interceda por los enfermos y los que sufren. También que nos inspire en la entrega y sensibilidad hacia los necesitados.

Dom Luiz Mancilha Vilela, ss.cc., Arzobispo Emérito de Vitoria (Brasil), compuso esta oración inspirada en Eustaquio:

“Padre Eustaquio,

hombre de la gente,

hombre que amó intensamente,

hombre que tuvo misericordia de todos,

hombre de corazón sencillo. 

En cuyo corazón hiciste maravillas.

¡Todo por ti, Señor!

¡Tu persona ilumina! ¡Tu persona arrastra!

¡Míranos, Señor! 

Danos la valentía de ser apóstoles del amor.

Danos el celo de José María Coudrin,

el amor de Damián,

el entusiasmo de Mateo,

la sencillez de Eustaquio,

y continuaremos tu obra, Señor:

en el anuncio, en la reparación, en la adoración,

en el silencio, en la expiación, en el sufrimiento,

en la entrega, en la inmolación, en el amor”.

Sagrados Corazones
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