Día del Buen Padre Aurelio Cayón ss.cc.

El día 27 de marzo es siempre significativo para la familia Sagrados Corazones, porque este día celebramos el aniversario de la muerte de nuestro fundador o, mejor aún, el día de su nacimiento definitivo a la vida nueva abierta por Jesús resucitado. Aquel día de 1837 se completaba en la tierra la vida de Pedro Coudrin, un hombre que había dado lo mejor de sí mismo por el Señor Jesús, por la Iglesia y por la Congregación fundada por él y por Enriqueta Aymer de la Chevalerie.

Como nos recuerdan los superiores generales de hermanas y hermanos en la carta conjunta que han dirigido a la Congregación hace unos días, el Buen Padre animaba con frecuencia a hermanos y hermanas a tener “la valentía de los santos”. Esta expresión se puede quedar en palabras vacías, pero en la vida del Padre Coudrin tiene un sentido profundo.

A lo largo de su vida, desde que decide ordenarse sacerdote durante la persecución religiosa de la Revolución Francesa hasta que muere en Paris con 69 años, no consideró propio nada de lo que hacía, sino que se sentía siempre al servicio de la “obra de Dios” y con este término le gustaba referirse a la Congregación. Esto le llevó en muchas ocasiones a arriesgar la vida por servir a los demás y a buscar constantemente nuevos modos para acercar a Dios a los hombres y mujeres de su tiempo. Hizo de la Eucaristía su alimento espiritual, pero no para gustar de ella sin más, sino para salir a compartir el bien recibido. Y para ello supo aprovechar las oportunidades, aunque las circunstancias fueran muchas veces desfavorables.

Celebramos este año el día del Buen Padre en medio de la crisis provocada por la pandemia del Covid-19, confinados en nuestras casas por el bien de todos, de acuerdo con las recomendaciones sanitarias, y preocupados por los que más están sufriendo esta situación. Inspirados por nuestro fundador, podemos ahondar en la oración y aprovechar que quizás tengamos más tiempo para pararnos junto al Señor. También puede ser un tiempo propicio para reflexionar sobre qué nos está queriendo decir esta situación, para interpretar los signos de los tiempos, con lucidez y sin dejarnos llevar por el miedo. Un tiempo también para el discernimiento sobre cómo podemos servir mejor a nuestros hermanos, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y cómo podemos hacerles sentir la cercanía del Corazón de Jesús. Y finalmente, hoy somos invitados a confiar más en el Señor que “no nos deja de su mano”, usando una expresión del Padre Coudrin.

¡Feliz día del Buen Padre!

Sagrados Corazones
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