Despedida del P. Ramón Mera de Jerez

El pasado sábado 19 de octubre, Ramón Mera SS.CC. saludó a los feligreses de la Parroquia de San Pablo de Jerez antes de marcharse a la comunidad de El Escorial por el tiempo que sea necesario. Gracias a la ayuda de cuatro jóvenes se le bajó en una silla de ruedas al templo repleto de gente y allí asistió desde el presbiterio a la misa presidida por Antonio Oviedo. Al final dirigió unas conmovedoras palabras a toda la asamblea formada por representantes de todos los grupos de la parroquia, los hermanos y hermanas SS.CC., religiosas dominicas, los laicos SS.CC. y los miembros de los Equipos de Nuestra Señora que él atendía.

Informó que iba a El Escorial para poder estar más tranquilo y tener la oportunidad de mejorarse. Quiso dejar claro que su billete era de “ida y vuelta”. Reconoció, sin embargo, que las cosas podían “torcerse” y en este caso pedía que se rezara por él: “No tanto para que me ponga mejor, sino que no pierda la fe, la oración y el ánimo”. Dio gracias a Dios por la parroquia porque le permitía irse tranquilo sabiendo que era una comunidad seria “sin pamplinas” y no había divisiones entre los distintos grupos. Sencillamente dijo: “Y si hubiera desajustes, pues hablad con los curas y entre vosotros y… ajustadlos”. Agradeció a todas las personas que acudieron al templo y todas aquellas que sabía que se habían preocupado por él y rezado por él. Se disculpaba por no haber podido atender a todos como hubiera deseado pero lo que necesitaba era mucho descanso. Finalmente, dijo que si hubiera mejorado en salud habría considerado las cosas en su vida que habría que corregir y habría puesto mano a ello.

La asamblea estaba visiblemente emocionada y después de los ritos conclusivos se formó una cola en que cada uno le saludaba brevemente y le daba un beso o un abrazo. Cuando hubo terminado, otra vez los jóvenes le subieron con la silla hasta la vivienda donde cenó y, cansado, se acostó.

El lunes 21, Adolfo Sastre, José Manuel, su hermano de sangre, y un servidor le llevamos en coche hasta El Escorial. Al llegar por la tarde, Ramón fue acogido con mucho cariño y delicadeza por cada uno de los hermanos de la comunidad. Enseguida las enfermeras solícitas le instalaron en su cuarto y descansó un rato. Su hermano José Manuel conoció a los hermanos y quedó muy sereno y tranquilo por la belleza del lugar y la comodidad de la casa pero, sobre todo, que su hermano “estaba en familia”, en sus propias palabras.

Nos marchamos la mañana siguiente con mucha lluvia despidiéndonos de un Ramón sonriente y en paz.

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Damiano Tonegutti ss.cc.


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