«Desembarcar en Molokai»

Para el día 10 de mayo, fiesta de San Damián de Molokai, proponemos esta reflexión de Miguel Díaz Sada ss.cc. También más abajo podéis encontrar los enlaces a los textos de la liturgia del día.

10 de mayo de 1873. Damián pisa por primera vez la tierra santa de Molokai. Tierra santa habitada por los desechados de los hombres y preferidos de Dios. Allí, en aquella pequeña lengua de tierra, se escribió una de las más hermosas páginas del evangelio. Allí, alguien como nosotros, con sus inquietudes y con sus momentos bajos, fue capaz de amar “hasta el final”, hasta dar su vida libremente a los leprosos.

Los santos son la mejor y más elocuente homilía. Sin palabras, nos acercan y nos hacen comprensible el evangelio. Nos dicen hasta qué punto puede cambiar el corazón humano cuando se deja llevar por el Espíritu de Jesús.

Damián nació en una familia de profundas convicciones religiosas: oración, sacrificio, prácticas de piedad, conformidad con la voluntad de Dios, devoción a María, limosnas, acogida a los mendigos. En ese marco familiar nació la vocación a la vida religiosa en la Congregación de los Sagrados Corazones. Los mismos valores, no otros, le impulsaron a ser misionero, a desembarcar en Molokai y a hacerse “leproso con los leprosos”.

16 años con los leprosos. No le fue fácil. Quería salvar almas al estilo de Francisco Javier, pero ¡cómo poner orden moral en medio de aquel caos de muerte y desesperación! Mirando a Jesús y sintiéndole amigo y cercano en la Eucaristía, llegó a comprender que si quería salvar almas debía curar los cuerpos. Amigo y enfermero, limpiando llagas y consolando corazones, los leprosos se fueron acercando al Dios de Damián. Hermosa catequesis, pero ¡a qué precio! De Damián les llegaba a los leprosos la palabra de vida y salvación, la palabra del evangelio. De los leprosos recibió Damián la lepra. Los leprosos hicieron de Damián un santo.

“Déjame en herencia tu manto”, le decía un hermano de Congregación a Damián en el momento de morir. “No te servirá de nada, -le responde Damián -, está lleno de lepra”. En el día de su fiesta – 10 de mayo -, pidamos en herencia el “manto de Damián”, para tener la valentía de desembarcar en los muchos “molokais” de nuestro mundo. Entonces… ¡cuántos santos “damianes” honraríamos en espíritu y verdad al Maestro y al discípulo, a Jesús y a Damián!

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Redacción


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