«Dadles vosotros de comer»

Comentario al Evangelio del XVII Domingo del tiempo ordinario a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.

Para el año 2015, los 191 países miembros de la ONU se ha comprometido a cumplir ocho objetivos del milenio, el primer de los cuales reza así: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”. Y especifica, “Reducir a la mitad el porcentaje de personas que pasan hambre, reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar al día”.

La intención es loable. Pero, como estamos acostumbrados a que la ONU planifique y firme, pero luego no cumpla, por la escasa voluntad política de los miembros de llevar a cabo lo que acuerdan, nuestras esperanzas son escasas. Entonces es el momento de las personas de buena voluntad, de los cristianos, de las asociaciones de solidaridad. Presionar para que pueda ser realidad hoy el signo de la multiplicación de los panes.

Podemos creer que la cuestión de la erradicación del hambre en el mundo es un asunto político. Y en gran medida lo es. Pero también es una cuestión personal que afecta a nuestros modos cotidianos de vida. La desigualdad Norte-Sur, madre de todas las desigualdades, están también en nuestra despensa, en nuestro armario, en nuestro garaje, en nuestro banco, en nuestras relaciones.

Hacer que la pobreza pase a la historia es también cosa nuestra, de los discípulos de Jesús y de la iglesia. Hemos de tomar cartas en el asunto. Si no, el evangelio queda infecundo. Y será la sociedad la que nos demande qué hemos hecho de la invitación maravillosa de Jesús a multiplicar nuestro pan compartiéndolo con los hambrientos.

La Eucaristía de cada domingo es repetición del milagro. Jesús toma el pan en sus manos, lo bendice, lo multiplica y nos lo reparte; al comerlo, nosotros nos transformamos en pan de vida para los demás.

Durante la semana somos los discípulos de Jesús quienes multiplicamos lo nuestro, compartiéndolo con quienes lo necesitan, estén en África o se encuentren entre nosotros.

Solo compartiendo el pan material y el pan del cariño y de la paz haremos comprensible y atractivo el maravilloso evangelio de Jesús.

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Redacción


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