«Cuando las madres hablan»

Artículo de María Jesús Rubio Barbero, madre de nuestro hermano Pablo Bernal ss.cc., con motivo de la reciente profesión religiosa de su hijo.

El pasado día 25 de Agosto en la Parroquia de San Marcos en Sevilla nos reuníamos, procedentes de lugares distintos, miembros de la Congragación, amigos y familiares con la finalidad de ser testigos del compromiso de cuatro jóvenes muy queridos por todos. Susi, Bea, Jorge y Pablo hacían su profesión de votos temporales dentro de la familia de los Sagrados Corazones. Ante una Asamblea llena de gozo, se comprometían a entregar su vida a todos y muy particularmente a los más desfavorecidos a través de su Proyecto de Vida en la Vida Religiosa, entregándose con valentía, generosidad, y alegría al servicio del Reino de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús, guardando su castidad, aceptando la pobreza y prometiendo obediencia.

La experiencia vivida entre los cuatro profesos durante estos años de prenoviciado y noviciado traducida en esta celebración, en armonía, es un bonito ejemplo de fraternidad profunda. Hermanos y Hermanas, caminando juntos desde sus primeros pasos en la Vida Religiosa dentro de la peculiaridad de los Sagrados Corazones, como el más bonito de los sueños de los Fundadores.

Fue una celebración preciosa, llena de sentido, cuidada, sencilla, dinámica, alegre, que en todo momento reflejaba la confianza y el convencimiento de quién hace las cosas con la certeza de saber Por Qué y Por Quién lo hace.

La firmeza y serenidad de sus respuestas, daban fe, de quien da un paso seguro y meditado.

El lenguaje de sus cuerpos, sus movimientos pausados y reflexivos, sus actitudes, su mirada serena y chispeante de alegría y hasta las veces que sus ojos se llenaron de lágrimas por la emoción, nos hablaban de que el paso que estaban dando era vivido desde el corazón, y desde el amor por el que Dios les ha seducido.

Cuántos momentos especiales y conmovedores hemos vivido durante la Celebración; desde las moniciones, la procesión de entrada arropados los cuatro novicios por miembros tan queridos de la Congragación, las Lecturas elegidas con mimo, la LLamada, sus Sí Quiero, la petición de ayuda a Dios, los Votos, su petición de fidelidad a su compromiso sobre el Evangelio, la entrega de la Cruz (con sus menores o mayores dificultades para ponérsela….) la entrega de las constituciones, las peticiones, el ofertorio, las entrañables palabras del Padre Provincial en su Homilia que reflejan el trato con cada uno de los profesos, y el conocimiento profundo de sus inquietudes y motivaciones para dar el paso, los Cantos… ¡qué bonitos! ¡qué bien elegidos!¡qué bien cantados! ¡qué coro tan estupendo!¡qué esfuerzo, traducido a melodía!, el silencio, la oración, el recogimiento, el respeto, la acción de gracias, la bendición, y hasta la despedida y envío de Damiano, la alegría, las lágrimas, los abrazos, los besos, los aplausos… ¡cuántos momentos inolvidables!

Y como madre, ¿qué os puedo contar? Ha sido un día precioso, lleno de emoción y felicidad. Todo un regalo para mi sueño de madre de ver a mis hijos crecer felices, responsables y comprometidos; ¡claro que la separación física es dura!, pero desde el mismo instante de su nacimiento es una aprendizaje de desprendimiento para ir dejándoles volar por sí solos, que duele pero que genera vida. Pero en este caso además con la tranquilidad de saber que está en Buenas Manos, de que ya, a pesar de su juventud, está en el Buen Camino. A mí me produce una alegría desbordante pensar que Dios se ha fijado en mi hijo, le ha elegido y llamado por su nombre, y además pensar que mi hijo ha sabido escucharLe y con madurez darLe un sí comprometido… ¿qué más puedo pedir?

Hay algo más que me da mucha paz y tranquilidad y es saber que la congragación de Los Sagrados Corazones está formada por muy buena gente, mujeres y hombres que gastan su vida por los demás, pero que cuidan al máximo el valor de sentirse familia en cada comunidad. ¡Qué bonito y tierno el abrazo de Acogida de Hermanas y Hermanos a los jóvenes profesos, nada mecánico ni rutinario todo lo contrario, abrazos cálidos, protectores, sinceros, con cada uno se tomaban su tiempo. Ver tanto afecto y amor dedicado a mi hijo me conmueve. Yo, también me siento querida, acompañada y arropada por muchos de los hermanos y hermanas. ¡Qué razón tiene el P. Enrique cuando nos dice que “no perdemos un hijo, sino que ganamos una familia”, yo así lo he sentido. Gracias de Corazón.

La guinda del pastel fue después de la celebración, la invitación a la comida en la Comunidad de las Hermanas Isabeles, todo tan bien preparado, tanto trabajo y esfuerzo para que todo saliera perfecto y no faltara ni un detalle, por complacernos a todos, sobre todo a amigos y familiares de nuestros chicos recién profesos. Fue un estupendo rato para compartir y disfrutar y poder saborear la alegría vivida en la celebración.

Doy Gracias a Dios,

Gracias a Susi, a Bea, a Jorge y a Pablo

Y, Gracias a todos vosotros por este REGALO de día.

Padre, como te pedíamos en la celebración, Cuídales, Mímales, Llévales siempre en tu regazo.

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Redacción


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