Crónica del encuentro de hermanos ss.cc. de la tercera edad

Miguel Díaz ss.cc. nos ofrece una crónica del Encuentro de hermanos ss.cc. de la tercera edad, que transcurrió del 9 al 12 de abril en la residencia SS.CC. de San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

Con la eucaristía presidida por Félix González, dio comienzo el encuentro de la tercera edad. 27 participantes; contentos de volvernos a ver; algunos hermanos de la comunidad de El Escorial sintieron no poder sumarse a la reunión, al tener que celebrarse en la casa de las Hermanas.

Fernando Cordero, a petición de la Comisión de Formación Permanente, programó y dirigió el Encuentro. “Los mártires en el marco del Año de la Fe” ha sido el hilo conductor.

Fernando hizo un breve recorrido de la teología del martirio. El martirio en los años de persecución de la fe cristiana; el martirio prolongado en el monacato y el martirio interior al que todo cristiano está llamado, especialmente los religiosos. Todos preparados y dispuestos a dar razón de nuestra fe en Cristo en ambientes de indiferencia religiosa, de secularismo y de oposición a la fe y a los valores cristianos. Mártires en lugares de frontera o en situaciones de marginación, al estilo de Damián de Molokai.

Dedicamos la mayor parte de la mañana a ver la película “De dioses y hombres”; por la tarde, tuvimos la oportunidad de comentarla en pequeños grupos. Además de la película, disponíamos del testamento espiritual del P. Christian de Chergé: un texto verdaderamente inspirador. En mi grupo tuve la suerte de tener a Miguel del Castillo, quien compartió su experiencia en momentos tensos de pillajes sufridos en Kinshasa. El ejército a golpe de fusil y con violencia física arrasaba con todo lo que encontraba, también nuestras comunidades. El embajador les pedía que dejaran el país al no poder garantizar su integridad personal. Ellos, también en discernimiento, decidieron quedarse para seguir la misma suerte de aquéllos a quienes anunciaban el evangelio. La valentía en la fe y el amor al pueblo son rasgos acentuados en la película y en tantos misioneros.

Como no hubo puesta en común, subrayo otro comentario de mi grupo. El discernimiento progresivo de los monjes hasta el “yo me quedo”, apoyado en la oración de unos por otros y el respeto al ritmo de cada uno, es fuente de honda comunión y de comunidad. Basta recordar una de las últimas escenas cuando los monjes se van abrazando.

Dos tardes recordamos las vidas de nuestros mártires con algunas anécdotas transmitidas por nuestros mayores.

Terminamos el día en una sesión de canto y oración dirigido por la cantautora Maite López quien, aparte de las canciones, supo transmitirnos con palabras muy personales su propia experiencia de fe y de oración.

El P. Gonzalo Barrón estuvo presente en la oración del segundo día. Emilio Vega, con su gran entusiasmo, glosó la figura del P. Gonzalo, siguiendo la biografía anónima aparecida en Reinado Social del año 40 que, por su estilo literario, bien podría atribuirse al P. Arturo Gallo.

Juan Rubio, director de Vida Nueva, abrió el horizonte de nuestra reunión. Acababa de publicar un nuevo libro “La viña devastada”, que – nos dijo- recoge su visión de la iglesia en nuestros días. Con algunas pinceladas sobre el pasado, se detuvo en la herencia de Benedicto XVI al Papa Francisco. Ratzinger, el gran teólogo e intelectual, en los distintos discursos pronunciados en sus viajes, habló de cuatro grandes desafíos para la iglesia:

1. La fe tiene derecho a estar en el concierto de los pueblos, como propuesta de sentido a nuestro mundo globalizado.

2. Todos los creyentes, de todas las religiones, hemos de ofrecer a la humanidad el tesoro de la fe en Dios: diálogo interreligioso.

3. Los seguidores de Jesús, los cristianos, no podemos hacer una oferta creíble de la fe, si estamos divididos: ecumenismo.

4. Nuestra iglesia necesita conversión y renovación: el mal no está fuera de la Iglesia, se encuentra dentro de ella misma -el gran sufrimiento de Benedicto XVI – y en el corazón de cada uno.

Como periodista en Roma durante la elección del Papa Francisco, nos contó anécdotas del cónclave y de los primeros días de Francisco como obispo de Roma. Conociendo al cardenal Bergoglio, piensa que trabajará por una Iglesia austera y alejada del poder, favorecerá la colegialidad y dará mayor relevancia a las iglesias de otros Continentes. El Papa Francisco es más pastor que teólogo. Su experiencia pastoral marcará su ministerio petrino. Terminó haciendo algunas referencias a la iglesia en España; la ve descolocada en el panorama de la iglesia universal.

Hablando de los mártires, nos animó a celebrar su beatificación fijándonos no en quiénes los mataron ni en el ambiente sociopolítico de entonces, sino profundizando en el porqué y por quién murieron nuestros hermanos mártires.

Pasamos una mañana muy agradable. Nos gustó la exposición y el diálogo con Juan Rubio. Al leer Vida Nueva pondremos rostro a su director. Su exposición nos permite seguir soñando en una nueva primavera de la Iglesia, en un nuevo Pentecostés, siguiendo el Concilio Vaticano II.

Por la tarde, a pesar de la lluvia, nos acercamos al monumento del P. Teófilo, y pudimos más que recordar “revivir” con emoción, en el mismo lugar de su martirio, el momento en que el P. Teófilo hizo entrega de su vida con valentía, puesta su confianza en Dios y perdonando. Conrado no ayudó en la oración de acción de gracias. Fue uno de los momentos más significativos de nuestro encuentro. Algunos comentaban, ¿qué hubiéramos hecho nosotros en su lugar? Tenemos la misma fe y el mismo carisma del P. Teófilo. Hemos bebido en las mimas fuentes de espiritualidad. También disfrutaron de este momento algunas de nuestras hermanas de San Lorenzo.

Pudimos asimilar y personalizar esta experiencia en la hora de Adoración dirigida por Javier Flamarique, que puso fin a la jornada.

Último día: La carta del P. General, Javier Alvarez-Ossorio, nos ayuda a orar con el salmo 117, salmo procesional de triunfo y de victoria: victoria de Cristo Resucitado, victoria de nuestros hermanos que lavaron sus vestiduras en la Sangre del Cordero y victoria anticipada – por qué no – de quienes, peregrinos, llevamos ya muy avanzado el “buen combate de la fe”. Después, en grupos compartimos sobre las dificultades y obstáculos con que se encuentra nuestra fe y sobre la repercusión que ha de tener en nosotros y en nuestras comunidades la beatificación de nuestros hermanos. El martirio “blanco” estuvo muy presente en los diálogos.

La eucaristía, presidida por Enrique Losada, puso el broche fin a estas jornadas.

Todos sentimos que hemos pasado unos días muy buenos, bien organizado el encuentro, con ritmo, variado y bien llevado por Fernando Cordero, a quien se lo agradecemos en la evaluación. Como también agradecemos la buena y cariñosa acogida a nuestras Hermanas.

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Redacción


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